El viento caza gaviotas
Un viaje de paseo por la laguna enorme que
se cierne en lo alto de los cerros, en la barca de remos, sentada frente a él
contemplando su rostro a placer. ¡Qué guapo! Pienso, que atractivo y atrayente,
me hipnotiza con su mirada clara de luna plena, en la oscuridad de la noche
cuando el sol aún se queda.
Hace tiempo que nos conocemos y de temas íntimos
no hablamos, solo con miradas nos comunicamos.
Presiento que hay algo en su vida que lo
hiere y desear saberlo quisiera, mas, me guardo de aplacar mi curiosidad con
interrogantes que apartarme de él, pudieran.
La tarde, ¡qué hermosa! Parece un regalo
primoroso que la Naturaleza
nos hiciera. Mis párpados sucumben al ensueño que a mi sentimiento aflora, y me
sumerjo en mi sosiego con mi mente vacía de ideas. Nada tengo en mi interior
que me distraiga, salvo el embrujo de su amparo desde que lo conociera.
Han pasado…varios meses, no sé cuántos, no
los cuento, solo son momentos sucesivos que me llenan de contento. El batir de
alas escucho rompiendo mi pensamiento, las gaviotas juguetonas o en busca de
sustento. Recuerdos. Recuerdos acuden a mi mente. Recuerdos.
Aquél primer día paseando por la ría en la
ruta de turistas, admirando el paisaje que casi todo lo rodea; mi mirada en el
agua por descubrir algún delfín que nos han dicho que hay muchos y en un
momento dado, levanto la mirada a un lado y lo veo, me está mirando, retengo su
mirada y ya quedo atrapada.
Se levanta fuerte brisa, el viento se
alborota y como en un encantamiento se lleva las gaviotas, eso parece pues
todas a una en su dirección se van, formando una volátil columna que, al
alejarse parece ser que el viento las cazase.
Desde entonces caminamos al unísono separándonos
solo los momentos precisos. Es huésped de mi casa. No le pregunto ni me
explica. Presiento que algo oculta y lo respeto, si un día quisiera me lo
desvelaría, mientras tanto gozo de su sosegada compañía. No me hace preguntas
ni lo necesito. Estamos juntos, habrá un momento para explicaciones, pienso a
veces, o no lo habrá. ¿Habrá un momento para el compromiso?
Llegamos al embarcadero y brincamos al
terreno firme que nos acoge presuroso, cual si comprendiera que necesitamos llegar pronto a
desfogar nuestro amor tumultuoso. Qué extraño destino, más parece desatino. Dos
almas que se desconocen y se complacen; dos cuerpos que se conocen y se acoplan
en éxtasis desbordante.
Miro al cielo. Hoy lo tengo aquí, mañana, qué
será mañana. Miro las estrellas y siento un escalofrío. Parece que me quisieran hablar y me retiro.
No está a mi lado ni en la casa. Me siento en
el porche y…aquí sigo. Aquí sigo.
29 Junio
2016
*****

- Sigueme en Twitter!
- "Siguenos en Facebook!
- RSS
Formulario de contacto