Te busqué amigo Febrero y no te hallaba
pues, en el rincón de la poesía no estabas.
Hoy te encuentro publicado en prosa transformado.
Aquí te traigo, aunque algo retrasado.
pues, en el rincón de la poesía no estabas.
Hoy te encuentro publicado en prosa transformado.
Aquí te traigo, aunque algo retrasado.
Febrero
Febrero el mes más corto, frío, distinto. Ufano
de honrar al invierno a quién tan orgulloso pertenece.
No te prefiero, pero me importas que en tus
días nací a la Vida
y sin la mía, ésta hubiera sido otra, ni mejor, ni peor pero distinta, y sin mi
vida venida en uno de tus días no hubiera habido otras que se gestaron dentro
de la mía; sin ellas hubiera sido más diferente todavía que ésta, se va
modelando así con gente, y con la vida
animal, igual cambiante, bulliciosa, inquietante…y la vegetal, impúdica en su
belleza, desvistiéndose y vistiéndose de mil formas y colores, siempre distinta
y siempre igual de hermosa.
Me contaron amigo Febrero que años ah,
cuando mi pequeño ser salió a la luz por vez primera, que con un gran manto de
armiño cubriste las calles de mi ciudad –que pueblo quiere ser en su humildad-
en el que quedaron atrapados automóviles, carruajes y gentes de peaje, tan
importante fue ese instante para el transcurrir de la vida pues en ella todo es
importante y diferente y, por vulgar que mi existencia por ella haya sido en
todo momento, fútil, he contribuido con millones de latidos a que su ritmo discurriera
en el orden adecuado y seguiré haciéndolo hasta que el último me agote,
saludando día a día cada amanecer desde el fondo de mi ser hasta, caer un día
ya sin vida con mi ciclo realizado.
Tal vez
cuando esto suceda, Febrero, de nuevo tú estés a mi lado para cubrirme con un
hermoso manto helado.
Y se me llevarán dentro de una caja y,
aunque en ese día me despidieras con la pureza de tus copos recubriendo el
suelo, éstos no impedirían la marcha del cortejo porque ya, Febrero amigo, hay
muchos adelantos y curiosamente, desharían la capa inmaculadamente blanca con
otra igualmente como ella, aunque salada.
Y no sentiré frío en mis huesos, ni en mis
manos, ni en mi rostro.
Y cambiaré
el recuerdo de tu nombre Febrero, por otro más sublime “Cielo”
*****

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