jueves, 29 de octubre de 2015 0 comentarios

El Hombre Enigma (Algo de Prosa)

                                                                                       

                                                                                  El  Hombre  Enigma    
       

     Tenía algo de misterioso, pero no era eso lo que en él más llamaba la atención, sino la rudeza de su semblante.
     Había en su mirada un gesto desafiante, feroz yo diría, si es que posar en la suya mi mirada me atrevía. Caminé a su lado sin saber el porqué, pues me inducía miedo, pero a la vez me sentía atraída por él.
     Después de un largo trayecto arribamos al final de una colina y al pararse de pronto yo lo hice también, aunque me quedé algo rezagada. La altura no era mucha pero desconfiaba de permanecer junto a él al borde del desnivel del terreno, suficiente para hacerme rodar con peligro de mi vida en caso de que quisiera arrojarme por la cortada. Miró a ambos lados y prosiguió su camino por un declive suave del terreno. Tuve la intuición de que no le era desconocido el lugar pero le seguí sin preguntarle nada. Yo sí me hice una pregunta ¿Por qué le seguía? Él no me lo había pedido ni tampoco denegó mi compañía aunque yo sabía que no deseaba mi presencia o mi persecución. Era un enigma para mí que deseaba desentrañar.
    Tocó a una puerta desvencijada y esperó algunos minutos. Yo no escuché nada. Me mantenía a una distancia prudente y al rato la puerta se abrió dándole paso. No tuve tiempo de traspasarla. Al acercarme ésta se cerró de golpe.
     Intenté mirar al interior inútilmente, pues la única ventana que había permanecía cerrada y con tablas clavadas.
     Nunca supe lo que ocurriría dentro, pero esperé horas y la puerta no volvió a abrirse. Al fin me fui. El recuerdo de esa casa me obsesiona y me produce pesadillas. Veo al hombre sobre el suelo, tendido, muerto. Más tarde, cuando al fin lo veo sonreír, despierto. Y despierta sigo incansable soñando con él.  


                                                                    *****
martes, 27 de octubre de 2015 0 comentarios

Obsesión (Algo breve de Prosa)

                                 

                                                                                      Obsesión
   

       Era bella como lo había sido su madre y el mirarla le traspasaba el alma de dolor que se volvía más lacerante a medida que ella se hacía mayor. Un día mirándola en el reflejo del cristal mientras se arreglaba las uñas ajena a la observación de su padre, sintió un dolor punzante y, esta vez, físico, que le cortaba la respiración. Ladeado, medio tendido en el sillón se sentía morir, mientras ella, absorta en su tarea, permanecía ignorante de la situación que se desarrollaba a su espalda. Un entrecortado ronquido surgió de la garganta del padre el cual al fin cayó al suelo. Fue entonces cuando ella se volvió alarmada y, al verlo tendido en la alfombra acudió presurosa a su lado. -¡Padre!- exclamó angustiada y, postrada en el suelo junto a él le palpaba el cuello en busca de su latido vital al tiempo que gritaba pidiendo ayuda.
       Cuando llegaron los servicios del SAMUR en una desesperada batalla contra la muerte lograron mantenerlo estable lo suficiente para trasladarlo al hospital donde, afortunadamente, pudieron darle el tratamiento adecuado para que después de la delicada operación a la que le sometieron, el hombre “renaciera a la vida” según le decía un cirujano a la joven horas después.
       Ella no se separó de su lado en ningún momento una vez que fue llevado a la habitación. Cuando el enfermo abrió los ojos y giró levemente la cabeza vio a la que en ese momento creyó ser su mujer y le hablaba con voz apenas audible y con la angustia reflejada en el rostro.
      La hija escuchó paciente el susurro de su padre muy cerca de él y se dejó llamar Laura, y se dejó querer por el que pensaba ser su marido, y le correspondió cómo si su apasionada esposa fuera meciendo sus grises cabellos y apretando su mano en la suya infundiéndole ánimo, prestándole parte de su fortaleza a pesar de que sentía que a ella le estaba faltando; se ahogaba y necesitó apartarse de él por un momento para respirar.
       Pasó a su lado largas horas hasta que estuvo lo suficientemente bien como para levantarse y recorrer los pasillos en espera del alta que lo devolviera al confort de su casa.
       Esperó inútilmente la aparición de su hija a la mesa ese primer día en el ansiado hogar y siguió esperando hasta que se convenció de que no volvería más. En lo sucesivo su compañía fue su mayordomo y su perro.  
                                                                                                                                                           
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Bajar de la Cumbre (Algo más, de Prosa)

                                                                      

                                                                                
  
                                                           Bajar  de  la  Cumbre


                    ...y en habiéndolo pensado mucho llegó a la conclusión de que esa había sido una elección equivocada así que había de calibrar las consecuencias que le podría reportar en un futuro muy cercano; por tanto, tenía que encontrar una solución rápida y efectiva para que tal equívoco no le perjudicara en su trabajo ¿Lo conseguiría?

                    Desde muy pequeño tuvo una desmedida afición por las matemáticas. Le encantaba resolver las operaciones aritméticas y, los sencillos problemas de iniciación que a otros niños les costaba comprender, a él le resultaban tan fáciles como realizar una suma de dos más dos. En casa después de terminar sin esfuerzo sus tareas escolares, le entretenía que su madre le planteara: que si tenía tantos caramelos y daba tantos y otros se comía..., cuántos le quedaban o, si en un corral las  gallinas ponían tantos huevos y en la cesta se rompían la tercera parte, cuántos llevaban a la despensa... o, lo que le sobraba si tenía tanto y se gastaba cuánto...etc. hasta que su madre con sus ideas al límite le anunciaba el tiempo de la ducha y la consiguiente cena con el nerviosismo de los entrenadores cuando ganaban por un gol y sólo ansiaban el pitido que daba el partido por concluído ante el temor de que el equipo contrario lo pudiera empatar en los últimos segundos.
                   Más adelante su trayectoria estuvo marcada por el mismo afán al enfrentarse a los cálculos matemáticos que conforme más complicados se hacían más se embebía en su resolución y, al llegar a la etapa del álgebra ya todo el mundo sabía sin ningún género de dudas que Rafael sería una eminencia en la materia así que todos se tomaron con mucha naturalidad que se decantara por las Ciencias Económicas. Terminó la “carrera” con “Matrícula de Honor” y la concesión de una Beca para realizar un Master en Estados Unidos, que, ni qué decir tiene, superó quedando entre los primeros alumnos
en una de las primeras universidades del país, por supuesto.               

                   Como le ofrecieron un puesto de trabajo en una prestigiosa Multinacional norteamericana decidió no regresar a España por el momento, para desconsuelo de su madre que tanto había trabajado para darle a su querido y único hijo una buena educación ya que ella como tantas y tantas mujeres no la pudo tener, y hombres también, no nos vamos a engañar. 
                  Su padre había abandonado a su madre antes de que él naciera y, el mundo, definitivamente no mucho tiempo después, -seguramente contento pues ahogaba las penas en alcohol día sí, día también, así que no le quedaba ni una sola para lamentarse- cosa que pasó bastante desapercibida para los pocos conocidos que tenía pues para lo que servía tal persona... fue el comentario más repetido y por muy poquitas horas. Sin embargo, Paqui lloró su pérdida para asombro de sus seres cercanos que no se lo explicaban pues ya lo tenía más perdido que el barco del arroz ese, pero es que entonces las mujeres se casaban para toda la vida y aunque sufrió del mal de “ahí te quedas” ella siguió sintiéndose su mujer hasta el final. ¡Qué fidelidad magnífica la de la mujer enamorada! Ese sentir prevalece todavía en nuestra sociedad a pesar de que haya parejas que no eleven el compromiso hasta la altura que el amor merece, pero bueno, este es otro tema del que os puedo contar bastante en otra ocasión pues de eso yo sé mucho, pero mucho, muchísimo; me he casado tres veces... y cada marido de diferente carácter; con eso todo está dicho.
     
                 A los catorce años volvió para visitar a su madre. Sí. Lo han entendido bien.
 
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