ZONA de
SILENCIO
¡Oh mundo!
Qué lejos quedas cuando me sumerjo en mí.
En la
profundidad de mi espíritu nada me perturba,
nada molesto me llega de afuera.
Nada que yo
no quiera se introduce en mi zona de silencio;
en la zona sin desflorar que guarda mi intimidad
celosamente
sabedora, cual eunuco que ha de guardarme para mi
señor
y mi señor, carente de sexo soy yo misma encerrada en
mi interior.
Pozo
profundo, inaccesible, al que solo expertos llegan
sabedores de haber encontrado el camino que conduce
a la salida del sinuoso laberinto donde yo estoy
esperándome
deseosa de hablar conmigo misma, de compartir mis
anhelos,
mis deseos, mis emociones, mi secreto amor guardado
que es tan mío que no sale de mi ser ni lo nombran mis
labios,
tan protegido permanece en mí cual fulgurante diamante
en urna de oro
en la más lujosa sala del más afamado museo,
cual tiara de perlas de la más hermosa princesa
extraídas de conchas
del más puro nácar del más límpido fondo del mar.
Amor que en
mí nace y en mí confluye en círculo sin final.
Platónico,
lo llaman recordando a ese hombre que quizá
jamás vivió sentimiento alguno que a esto se asemeje.

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