Cómplice
Una mar serena de color turquesa.
Un yate de lujo y, sobre la cubierta
falsos enamorados, entrelazados, su amor navegan.
Promesas al aire lejos de la tierra
que las lleva el viento tal vez a una isla desierta,
o las eleva al cielo, testigo mudo
de las miradas ardientes que a los dos, encelan.
Nada en lontananza, nadie en las afueras,
solo peces curiosos y gaviotas viajeras,
solo su deseo, solo sus promesas
que parece que nunca podrán romperse
como hacen las olas sobre la cubierta.
Viaje de placer que adormece el agua
en su canción eterna que nunca descansa.
Acompaña al marinero, al amor, al alma
de los que en ella perecieron en alguna refriega
cuando la mar embravece y de algún barco se adueña
porque es posesiva y no gusta de extraños
y, en ocasiones, se enajena y enfada.

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