miércoles, 28 de enero de 2015

Cómplice

    Cómplice


        Una mar serena de color turquesa.

        Un yate de lujo y, sobre la cubierta

falsos enamorados, entrelazados, su amor navegan.

        Promesas al aire lejos de la tierra

que las lleva el viento tal vez a una isla desierta,

o las eleva al cielo, testigo mudo

de las miradas ardientes que a los dos, encelan.
        Nada en lontananza, nadie en las afueras,
solo peces curiosos y gaviotas viajeras,
solo su deseo, solo sus promesas
que parece que nunca podrán romperse
como hacen las olas sobre la cubierta.
        Viaje de placer que adormece el agua
en su canción eterna que nunca descansa.
        Acompaña al marinero, al amor, al alma
de los que en ella perecieron en alguna refriega
cuando la mar embravece y de algún barco se adueña
porque es posesiva y no gusta de extraños
y, en ocasiones, se enajena y enfada.
        A lo lejos luces, el puerto está cerca.
        El yate atracado al troyer con fuerza.
        Se introducen en la noche de la ciudad
vibrante, luminosa, lujuriosa y secreta.
        Un beso de despedida y un adiós, en la puerta.
        Su amor de amantes relegado queda;
cada cual regresa con su pareja,
la que eligió un día para ser duradera
y a la que sin embargo, le son traicionera.
        El yate se columpia en la mar serena
testigo involuntario de amores sin regla.
        Llegará otro día, otro viaje y otra pareja.
        Ese es su destino y mejor quisiera
ser barco pesquero que a su dueño honra
con su cargamento de peces
con los que ganarse puede una vida sincera.
        Una hermosa joven solitaria llega.
        Con mirada errante lo atrapa en su vela.
        ¡Qué romántico sería navegar en ese barco!
        Sigue su camino, cansada, a su casa regresa
después de un día pleno de trabajo
en la factoría de ricas conservas y, sueña una vez más,
que un día de ese yate será la viajera.
        ¡Tonta! ¡No seas una más que en mí navegue!
sigue con tu vida corriente y discreta.
        Yo ya estoy cansado de tanta vileza.
        Ya me gustaría, ya, que en mí solazaras
tus horas perdidas, pero yo no voy solo que un depravado me lleva.
       Te conozco y tú a mí, pero no puedo hablarte, solo soy materia.
        El yate se aletarga en una nueva espera.
        Movimientos, ruido, prisas, risas... de nuevo navega.
        ¡Oh, no!  Esta vez es ella.
    
Mostrar menos


1

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;