Tan solo un Rato
El no sé qué que me invade en estos
precisos momentos
atribuirlo
a qué razón, en mí no encuentro.
Será, pienso, algo no bien causado por mi
fría actitud
que
no es en mí virtud, sino dejadez y desconcierto.
Ayer, y otros muchos ayeres la paz me
invadía
y
no sé en qué ingrato rato se desvió de mi vida,
antes
rebosante de sosiego y contento.
No hace apenas tiempo sentía en mí la
felicidad
de
saberme querida, en recibiendo tu diario aliento.
Sé que de mí no te olvidas, me cuidas con
tanto desvelo…
Y
también sé que mi razón está en Ti, cada día que amanezco.
Mas algo hay que me confunde, y a
comprenderlo, no acierto.
Pienso. Pienso en ello de modo constante
por hallarlo en mí,
por
calmar la inquietud de mi pecho que aunque respira por mí
me
produce angustia, desánimo y desasosiego.
Aire. Necesito aire que se me entre bien
dentro
Hay momentos que a nuestro vivir escapan;
dejan
de pertenecernos aún sintiéndolos cerca,
no
los abarcamos, se hacen profundos e inmensos.
Ahora, debe ser uno de esos desconocidos
encuentros
en
los que sumida me hallo, inquieta, sin motivo cierto;
al
menos eso presupongo ya que causa no advierto
en
mi diario quehacer, desde el alba al
sol escondido
que
a la noche me acerca, la noche de mis desvelos.
Quiero ampararme en el benefactor sueño
que,
sin embargo, se aúna a mi nocturno desasosiego.
Y, al vislumbrar la nueva alborada en la
ventana
abandono
mi cansado cuerpo del lecho
esperando,
de las horas que pasan, el ansiado instante
en
que me encuentre de nuevo con mi tranquilo afán,
el
que me llenó anteriormente de feliz encuentro.
Encuentro de mi espíritu, fuerte con mis pasados sentires
colmados
de dicha y contento; por mi vida gozosa,
mis
sentidos, capacidades, familia y sustento.
Puedo exclamarlo con fuerza y
convencimiento
al
viento, fortalecido o ligero, que lo aleje de mí
lejos,
muy lejos, pregonándolo a todas partes
de
este hermoso, magnífico regalo que es el mundo entero.
Así de firme lo sentía mi espíritu hace
apenas …un rato
tan
rápido, que casi sin darnos cuenta se nos aleja el tiempo;
mas no lo suficiente para no notarlo en
nosotros,
pues,
residuos, posos de añoranza y memoria
en
nosotros olvidados deja, o quizá, lo haga con intento.
Acaso
con nosotros se alíe sabedor del valor de los recuerdos.
Recuerdos. Sin ellos, ¡Qué de nosotros
dejamos!
Qué sería de nosotros sin ellos; ni un
antes, ni un después;
qué
tristeza de vida sin que dejemos rememoranzas, anhelos…
Apenas tres generaciones y ya formamos
parte del olvido,
ese
olvido que pesar a veces causa por sernos desconocidos
su
razón o motivos, si es que los hay, somos tan nimios…
El valor de la vida no se nos alcanza y aún
así nos es preciada
como
el mayor don, sin el cual ninguna otra cosa se alcanza.
Ni antecesores, ni coetáneos, ni venideras
personas
razón
de ser tendrían o tenemos o tendrán; solo ineficacia.
Pensando de este modo me siento cual “
insustancia”
Inútil
pérdida de vida y tiempo. No me resigno a ser tal piedra
o
tal cualquier materia, a ser persona sin alma.
Es por eso que reflexiono y que al
principio mudo.
No sé lo que me inquieta el ánimo; a la
alegría desplaza
de
mi diario acontecer, no lo acepto. Hoy no. Tal vez mañana.
¡Ah no! Mañana tampoco. Quiero sentir la
felicidad,
esa
que en este preciso momento no siento,
pero,
que me hizo feliz hace… tan solo un rato. 2 Dic. 2012

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