lunes, 12 de enero de 2015

Tan solo un Rato

  


                                                                                     Tan  solo  un  Rato


   El no sé qué que me invade en estos precisos momentos
atribuirlo a qué razón, en mí no encuentro.
   Será, pienso, algo no bien causado por mi fría actitud
que no es en mí virtud, sino dejadez y desconcierto.
   Ayer, y otros muchos ayeres la paz me invadía
y no sé en qué ingrato rato se desvió de mi vida,
antes rebosante de sosiego y contento.
   No hace apenas tiempo sentía en mí la felicidad
de saberme querida, en recibiendo tu diario aliento.
   Sé que de mí no te olvidas, me cuidas con tanto desvelo…
Y también sé que mi razón está en Ti, cada día que amanezco.
   Mas algo hay que me confunde, y a comprenderlo, no acierto.
   Pienso. Pienso en ello de modo constante por hallarlo en mí,
por calmar la inquietud de mi pecho que aunque respira por mí
me produce angustia, desánimo y desasosiego.
   Aire. Necesito aire que se me entre bien dentro
por no notar de él la falta en cada suspiro, en mi adentro.
   Hay momentos que a nuestro vivir escapan;
dejan de pertenecernos aún sintiéndolos cerca,
no los abarcamos, se hacen profundos e inmensos.
   Ahora, debe ser uno de esos desconocidos encuentros
en los que sumida me hallo, inquieta, sin motivo cierto;
al menos eso presupongo ya que causa no advierto
en mi diario quehacer, desde el alba al  sol escondido
que a la noche me acerca, la noche de mis desvelos.
   Quiero ampararme en el benefactor sueño
que, sin embargo, se aúna a mi nocturno desasosiego.
   Y, al vislumbrar la nueva alborada en la ventana
abandono mi cansado cuerpo del lecho
esperando, de las horas que pasan, el ansiado instante
en que me encuentre de nuevo con mi tranquilo afán,
el que me llenó anteriormente de feliz encuentro.
   Encuentro de mi espíritu, fuerte con  mis pasados sentires
colmados de dicha y contento; por mi vida gozosa,
mis sentidos, capacidades, familia y sustento.
   Puedo exclamarlo con fuerza y convencimiento
al viento, fortalecido o ligero, que lo aleje de mí
lejos, muy lejos, pregonándolo a todas partes
de este hermoso, magnífico regalo que es el mundo entero.
   Así de firme lo sentía mi espíritu hace apenas …un rato
tan rápido, que casi sin darnos cuenta se nos aleja el tiempo;
   mas no lo suficiente para no notarlo en nosotros,
pues, residuos, posos de añoranza y memoria
en nosotros olvidados deja, o quizá, lo haga con intento.
Acaso con nosotros se alíe sabedor del valor de los recuerdos.
   Recuerdos. Sin ellos, ¡Qué de nosotros dejamos!
   Qué sería de nosotros sin ellos; ni un antes, ni un después;
qué tristeza de vida sin que dejemos rememoranzas, anhelos…
   Apenas tres generaciones y ya formamos parte del olvido,
ese olvido que pesar a veces causa por sernos desconocidos
su razón o motivos, si es que los hay, somos tan nimios…
   El valor de la vida no se nos alcanza y aún así nos es preciada 
como el mayor don, sin el cual ninguna otra cosa se alcanza.
   Ni antecesores, ni coetáneos, ni venideras personas
razón de ser tendrían o tenemos o tendrán; solo ineficacia.
   Pensando de este modo me siento cual “ insustancia”
Inútil pérdida de vida y tiempo. No me resigno a ser tal piedra
o tal cualquier materia, a ser persona sin alma.
   Es por eso que reflexiono y que al principio mudo.
   No sé lo que me inquieta el ánimo; a la alegría desplaza
de mi diario acontecer, no lo acepto. Hoy no. Tal vez mañana.
   ¡Ah no! Mañana tampoco. Quiero sentir la felicidad,
esa que en este preciso momento no siento,
pero, que me hizo feliz hace… tan solo un rato. 2 Dic. 2012
                               


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