Confesión Innecesaria
He estado desecada. Disecada no, desecada, quede claro.
Meses. Meses han transcurrido sin actuar en el teclado.
¿Por qué? Quiero preguntarme, mas no contestarme
porque la respuesta sé y me abruma su hecho reconocer.
Me ha sido atrayente el móvil cercano.
En el sillón indolente la partida me ha ganado
al no hallar oposición en mí.
Lo reconozco y declaro por dejarlo aquí bien expuesto
ya que por mi bien deseo confesarme ante vosotros,
los dos o tres que tal vez tengáis a bien conocer lo que aquí manifiesto
que no es asunto prioritario, ni interesante, ni necesario
pero que ahora, siento la inclinación de escupir de mi interior
que, en sabiéndose superior ha caído sin embargo en tan fácil trampa,
la de acomodarme lánguidamente en uno, o dos o tres, según me cuadre
sentarme en uno u otro sillón con mi móvil, bien a mano.
No sé si algo en este tiempo he ganado o perdido, ni lo sabré,
simplemente me ha ocurrido y mucho me he entretenido, cierto es,
con vídeos maravillosos, un sin fin de fotografías que miro con agonía
como si las quisiera grabar en mi mente para llevarlas conmigo
cuando de este mundo terreno mi puesto deje, sin remedio, sin temor
pero sin solución, aunque mucho la buscara.
He publicado montones de comentarios espontáneos como a mí acuden
sin pensarlos, ocurrentes a veces, otras mordaces, siempre ineficaces
creo yo pues cada cual relee los suyos más que los de los demás
aunque sean muchas veces mucho más interesantes en su profundidad.
He sabido de personas de otros países y nos hemos abrazado con afán de amigos
o incluso, de hermanos; sus nombres he aprendido y me han mostrado amistad
fiel, y fieles se mantienen a pesar del tiempo y distancia,
nombres podría mostrar mas no lo haré porque alguno querido habría de olvidar.
Aún más lejos he ido. Mi corazón se desangra cada mañana o anochecer
pues su saludo madrugador no me falta ni mi pensamiento lo olvida
al recostarme en la almohada cuando a altas horas, ya otro día,
se pierde mi añoranza dentro de mi sueño que, misterios guarda,
de eso no me cabe duda, a veces hablo y me escucho hasta tal punto
que a mí misma mando callar y me obedezco, y con mi dormir prosigo.
Bien, de momento, aquí paro con mis disertaciones; por ahora suficientes.
Mi bien "amueblada mente" tal vez otro día continúe porque ahora...
uno de mis sillones me reclama, eso me está pareciendo
y por no desairarlo...voy a recostarme en él pues, mucho me está apeteciendo.
*****
14 junio 2018 Alcalá de Henares
… Mi Ánimo
¿Qué se esconde
dentro de mí que no me da pista para averiguarlo?
Quisiera encontrarme
hoy pues mañana tal vez ya no pueda.
Mañana es una palabra
cercana y lejana, una incógnita en sí misma.
Pudiera ser que
amanezca a un nuevo día o, mejor, que un nuevo día me alumbre.
Puede ser que al
terminar la oscuridad de la madrugada ya no exista.
No es negatividad lo
que transmitir quiero a mí misma,
es la lógica
naturaleza de nuestra vida que no nos avisa de su despedida.
Esto lo aprendí de
niña ignorando el profundo sentido de la palabra muerte.
Muerte
Muerte
Estado
incomprensible para una inocente muchachita en apenas estrenada su vida.
Bien recuerdo aquellos
momentos posteriores a la escucha de tal hecho
mientras jugaba en la
habitación de estar mientras las mamás
charlaban
animadamente en las tardes frías de aquél otoño de mil novecientos cuarenta y
seis.
La estufa de carbón de
cuando en cuando chirriaba escupiendo algún lamento.
Tal vez las llamas le
dolían calentando su exterior día a día.
Era hierro y resistía,
fuerte, valeroso, generoso...nos ofrecía todo el calor que despedía,
no podía darnos más y
era insuficiente para calentar el piso de arriba.
Meterse en la cama era
una aventura de valientes;
levantarse al otro día
con hielo en el interior de los cristales era una heroicidad
a la que nos
enfrentábamos cada día.
Esa tarde, con los
deberes terminados y en vísperas de Nochebuena
mis amigas del
vecindario y yo, jugábamos con las muñequitas de papel,
aquellos recortables
que con tanto afán y unas tijeras eran un gran tesoro,
bien guardadas
después, cada una donde podía, a veces en sobres de papel
hecho
por nosotras, de periódico o sobrante de la compra en la tienda de
ultramarinos.
Bla, bla, bla...y, entre palabras entreoídas una llamó mi atención y ya mi interés se mantuvo a la escucha dando de lado a Silvia, la muñequita que en mis manos se hallaba.
...Pues parece ser que avisaron al médico pero tardó tanto en aparecer que cuando lo hizo ya era tarde, la pobre ya no respiraba,estaba muerta. Yo, que estaba con ella esa tarde me llevé el susto de mi vida, más aún cuando el doctor dijo que tenía que dar parte a la policía. Matilde se puso pálida y a punto estuvo de caer sobre el cuerpo inanimado que yacía ante ella en la recámara. ¿Qué es eso? interrumpió Juana, a lo que recibió una mirada de ocho ojos justicieros, pero...¿no te das cuenta de que eso no es importante? Le dijo mi madre algo alterada y curiosa por saber más pormenores.
Muerta, sí. Del todo. Muueeertaa. Matilde no entendía el por qué de que la policía hubiera de intervenir; calló queda, a la espera.
Llegaron dos policías y un forense luego de un tiempo que se hizo muy largo.
La cuestión; yo solo había dejado presa en mí la palabra "muerta" y lo demás dejó de mantenerme la atención. Dejé a Silvia bien guardada y le dije a mis amigas que ya no quería jugar, que me dolía la tripa. Qué fácil era decir mentirijillas entonces.
Me aparté a pensar, aunque no lo hacía a propio intento me pasaba muchas veces. Ahora sé que ya era muy reflexiva por entonces.
Pensé mucho rato en ello, tanto, que se hizo la hora de cenar y yo aún seguía en mi rincón apartada y callada. Entonces mi madre reparó en mi silencio algo extrañada pues si no jugaba o hacía deberes o leía, canturreaba, o sea, que mi presencia siempre por la casa rondaba pero, mi madre con la mente puesta en la pobre Faustina... había estado también algo distraída.
Te pasa algo, -preguntó- y yo le dije: nada mamá. Voy a lavarme las manos.
Pero sí me pasaba. Ya en la cama que compartía con mi hermana mayor, no podía dormirme, pero al fin lo hice, claro, y recuerdo que tuve un sueño muy raro pero ya no sé cómo era, por supuesto.
Muerte. Qué misterio. Entonces incomprensión, hoy desconcierto. Sigue siendo una incógnita en mi vida que asiduamente me asalta de cuando en cuando. He aprendido mucho desde entonces pero ante este hecho me siento igual de sorprendida. ¿Qué hay detrás? ¿Qué se esconde cuando el corazón de las personas deja de latir? Y esto es algo que no me asusta pero me inquieta sobremanera. Aún hoy me siento ante este fatídico hecho tan alarmada como cuando era aquella niña pequeña.
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Bla, bla, bla...y, entre palabras entreoídas una llamó mi atención y ya mi interés se mantuvo a la escucha dando de lado a Silvia, la muñequita que en mis manos se hallaba.
...Pues parece ser que avisaron al médico pero tardó tanto en aparecer que cuando lo hizo ya era tarde, la pobre ya no respiraba,estaba muerta. Yo, que estaba con ella esa tarde me llevé el susto de mi vida, más aún cuando el doctor dijo que tenía que dar parte a la policía. Matilde se puso pálida y a punto estuvo de caer sobre el cuerpo inanimado que yacía ante ella en la recámara. ¿Qué es eso? interrumpió Juana, a lo que recibió una mirada de ocho ojos justicieros, pero...¿no te das cuenta de que eso no es importante? Le dijo mi madre algo alterada y curiosa por saber más pormenores.
Muerta, sí. Del todo. Muueeertaa. Matilde no entendía el por qué de que la policía hubiera de intervenir; calló queda, a la espera.
Llegaron dos policías y un forense luego de un tiempo que se hizo muy largo.
La cuestión; yo solo había dejado presa en mí la palabra "muerta" y lo demás dejó de mantenerme la atención. Dejé a Silvia bien guardada y le dije a mis amigas que ya no quería jugar, que me dolía la tripa. Qué fácil era decir mentirijillas entonces.
Me aparté a pensar, aunque no lo hacía a propio intento me pasaba muchas veces. Ahora sé que ya era muy reflexiva por entonces.
Pensé mucho rato en ello, tanto, que se hizo la hora de cenar y yo aún seguía en mi rincón apartada y callada. Entonces mi madre reparó en mi silencio algo extrañada pues si no jugaba o hacía deberes o leía, canturreaba, o sea, que mi presencia siempre por la casa rondaba pero, mi madre con la mente puesta en la pobre Faustina... había estado también algo distraída.
Te pasa algo, -preguntó- y yo le dije: nada mamá. Voy a lavarme las manos.
Pero sí me pasaba. Ya en la cama que compartía con mi hermana mayor, no podía dormirme, pero al fin lo hice, claro, y recuerdo que tuve un sueño muy raro pero ya no sé cómo era, por supuesto.
Muerte. Qué misterio. Entonces incomprensión, hoy desconcierto. Sigue siendo una incógnita en mi vida que asiduamente me asalta de cuando en cuando. He aprendido mucho desde entonces pero ante este hecho me siento igual de sorprendida. ¿Qué hay detrás? ¿Qué se esconde cuando el corazón de las personas deja de latir? Y esto es algo que no me asusta pero me inquieta sobremanera. Aún hoy me siento ante este fatídico hecho tan alarmada como cuando era aquella niña pequeña.
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Cavilando
Tal como se viene diciendo desde tiempo inmemorial
es la gente de este mundo el sujeto principal,
mas, ¿por quién fue dicho y renovado?
Por el hombre, naturalmente, que si pudieran hablar
otros seres vivientes la opinión se cambiaría
pues no hay ser más dañino en toda la geografía.
Somos inteligentes en diferente medida
pero quienes piensan tienen la mayoría, eso creo,
y porque lo creo, lo escribo.
Nos hacemos daño de continuo si no a nuestra persona,
al prójimo y éste ¿quién es? Pues yo, si estoy mirado por otro,
es decir, nos hacemos daño primero, a nosotros.
¿Es de seres inteligentes tal proceder?
Decir yo diría que no, a mí es necio, al parecer.
Vamos presumiendo de cualidades positivas con altivez
y olvidamos las primitivas que arrostramos sin querer.
A veces nos examinamos en busca de nuestro error
y nos preguntamos qué de malo he hecho yo.
Generalmente se piensa, a nivel universal
que el mal sale porque son malos, ¿quienes? los demás,
y, mientras cavilando vamos, a otros observamos,
a su conciencia y a la nuestra la olvidamos.
Desde que del mundo se tiene conciencia
unos a otros nos hacemos daño queriendo,
más veces que sin querer. Somos ladinos
cobardes, mentirosos. No nos queremos ver.
No por dentro desde luego, ahí oculto lo primero
permanecemos; nadie lo ha de conocer.
Pensemos. Creamos todos por un momento
en el primer crimen cruento. Ese. Ese fue. Lo suponemos,
no olvidemos que estamos en un... pudiera ser...
Un hermano mata a otro hermano. Ignominioso
pero después...para que otros nacieran... algo hubo de suceder;
algo ahora inadmisible, prohibido; pecado horrendo
y, sin embargo, así tuvo que ocurrir. No hay más.
Aburrirse no es
inteligente.
Cada cual ha de
aprender cómo entretenerse.
La etapa del trabajo
a sueldo es completada,
ha de sustituirse por otra compensada
mas, nunca impuesta, libre y agraciada.
No solo nos ha de
ocupar el tiempo,
también superar nuestro entendimiento
aprovechando nuestras capacidades
aparcadas, ocultas, desconocidas, mas reales.
No somos rémoras de
los que atrás vienen,
faros luminosos a los que ellos se atienen
si tienen razocinio y humidad
para aceptar cuánto de nosotros puedan asimilar.
Somos padres y
abuelos a los que recurrir se puede
en apurados momentos, nunca no remunerados niñeros.
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