jueves, 27 de agosto de 2015 0 comentarios

Buenos y Malos Momentos (Algo de Prosa)

  

                                                                 Buenos  y   Malos  Momentos

     Aquella noche no serían las cosas fáciles tal como el tiempo se presentaba. Amanecía un día hermoso y todos madrugamos jubilosos. Aparentaba, eso sí, que la tarde sería extraordinariamente bochornosa y que no se conformaría con apaciguarse, sin más, debería dar guerra y vaya si la dio.
     Por la mañana salimos alborozados hacia el campo sin rumbo fijo y así fue como nos adentramos por el bosque con el coche hasta que los carteles nos prohibían avanzar más en él con las cuatro ruedas. Cargamos con los pertrechos para pasar el día cargados de viandas, juegos, y una gran dosis de alegría. Los primos unidos por primera vez en una excursión familiar colectiva. No faltaba ningún hijo, ningún abuelo, ningún padre o madre; abuelas sí, las dos que habían abandonado este mundo ingrato dejando un gran vacío, pero en cambio al toque de llamada nadie había rechazado su presencia y desde diferentes puntos del país, diligentes habíamos acudido.
      La idea surgió del hermano menor, quién ante la inminente marcha del país a tierras lejanas por causa del trabajo tuvo la idea de juntarnos antes de su partida pues su estancia lejos prometía ser larga.
    Llegamos a una zona frondosa y bella que admiramos con deleite y dejando a cubierto los víveres inalcanzables para las hormigas u otros insectos y a continuación nos dispusimos a mover el cuerpo dividiéndonos en grupos según las preferencias de cada cual; así fue como en no demasiados minutos unos jugaban tenis, otros practicaban con las bicicletas inseguros sobre ellas  pues eran aún pequeños, los abuelos hacíamosn ejercicios de gimnasia aprendidos en los centros y, hasta sobre la mesa de campo, se preparaba una tarta de galletas para el postre de la comida casera en la que habían participado casi todos cada cual con su ciencia y disposición para las recetas culinarias aunque, las reinas de la comida fueron sin duda la tortilla y las croquetas pero se dio buena cuenta de los rusos, los pimientos verdes fritos y los rojos que se habían dejado asar sin quejido alguno. Más alimentos hubo, por supuesto, pues en el campo nada es mucho y todo es delicioso.
     Un tiempo de tertulia mientras la tripa hacía su función y poco a poco vuelta a las diferentes actividades. Mi mujer le dio al ganchillo al que está enganchada haciendo labores magníficas que aprendió de su madre. Cuando saca la labor se le ilumina la cara, yo lo advierto y me encanta porque en esos momentos…es …todavía más bella.
     Se hizo tiempo y sitio para la merienda y disponiéndolo todo estábamos cuando sin apenas aviso previo se escuchó un lejano trueno; bueno no parecía amenazante pero en mitad de la tardía fiesta el cielo fue perdiendo los reflejos dorados del sol que antes había lucido hermoso y se fue oscureciendo, tanto que decidimos recoger aprisa para llegar a los coches alejados.
    No pudimos llegar a tiempo. Cada cual cogía a los niños que podía  mientras cargaba con los enseres que llevaba consigo y estalló una lluvia tan abundante y fuerte que se anegaron de agua los senderos de tal suerte que ya no sabíamos dónde estaban y poco a poco nos fuimos dispersando calados hasta los huesos.
     Tras gran esfuerzo nos congregamos junto al refugio de los coches y fue entonces cuando echamos en falta a Jaime. Mi pequeño, mi tesoro entre mis tres tesoros predilecto, no por amarlo más, que más no puedo, sino por ser el más débil de todos cuántos éramos.
     El desconcierto era total y, dejando a los niños en los coches nos dispersamos en su búsqueda mujeres, maridos y abuelos.
    Pasamos momentos angustiosos y nos reencontrábamos a ratos sin su encuentro. Entre la oscuridad de la tormenta y la noche que empezaba a estar cayendo nuestra angustia aumentaba y el pánico salió a nuestro encuentro. Ofuscados seguíamos la búsqueda sin recompensa en nuestro esfuerzo.
     Un coche de un forestal llegó a los abuelos. Lloraban como niños. Callaban como mudos y por fin nos llamaron a voces y todos corriendo acudimos a su encuentro temiendo también por ellos. Nuestra agonía había terminado porque con los forestales venía mi pequeño. No puedo olvidar aquella tarde, ni tampoco quiero porque…sufrimos tanto… pero qué emoción sentimos luego.
     Aún lloro al recordarlo. Aún tiemblo ante mis nietos y que los dejen a mi cargo… me da miedo, mucho miedo. 
                                                                                                                                                                        18  Mayo 2015

   


domingo, 9 de agosto de 2015 0 comentarios

Adiós



             Adiós


  Ser poeta para mí
es la expresión libre de los sentimientos.
  Calcular métrica, elaborar rimas
puede conseguir poesías hermosas
para deleite de lectores
pero, no necesariamente
hace de ello poetas.
  Bien quisiera expresar lo que hay en mí
de manera rítmica y bella;
perfecta en su forma
por lo que poetisa fuera
pero, solo consigo el intento,
torpemente, de vaciar de mí lo que deseo,
lo que siento, lo que no alcanzo,
y desespero por carecer
de ese espíritu especial
que de forma espiritual, plasme en el papel
la esencia de saber comunicar
lo que quisiéramos, perfecto y bello,
de tan atrayente modo que al escribirlo
me provocara emoción y que al leerlo
gloria fuera para los sentidos
de cualquiera amador de la poesía.
 
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