martes, 15 de septiembre de 2015 0 comentarios

La Espera (Algo de prosa)






                 
                                                                                         La  Espera
                                                                                    

     Estaba a punto de nacer y conforme esperaba, Rafael se ponía más y más nervioso. Ya no solo se paseaba sino que daba tales zancadas por el pasillo que comenzó a ser molesto para los demás que a su vez también estaban nerviosos mientras sus vástagos se decidían a asomarse a este mundo tan desconocido para ellos, pero desde luego atrayente, después de haber permanecido tantas semanas encerrados en ese cubículo remojados e ignorantes de todo excepto, cuando le daban una patada a su envoltorio sin saber lo que era pero, que les agradaba pues después, sentían como una suave caricia que los sumía en un estado de éxtasis sin saber qué sensación era esa pero que sin embargo les agradaba tanto.
     ¡Rafael! Marido de M. Jesús, vaya a la sala de espera de paritorios -se escuchó en el altavoz- y Rafael en lugar de acudir presuroso se quedó quieto anonadado.
     -Vaya. Vaya- Le dijo una abuela. Me parece que es a ud. a quién han llamado. Rafael corrió a ver a su mujer y a su hijo o hija, no habían querido saber el sexo por no privarse de esa grata sorpresa.
     Entró donde su mujer ya arreglada, estaba semiinconsciente, aparentemente dormida. Se acercó a ella. Miró su rostro y pensó en lo bonita que era descansando en ella por unos instantes su mirada. La besó con una dulzura que en sí mismo sintió y que nunca antes había experimentado. Amor, pasión, eso sí. Cada día. Cada instante que el trabajo le alejaba de ella le parecía más largo y no se entretenía en nada ni con nadie al salir cuando sonaba la sirena. A veces los compañeros se burlaban amigablemente de él, pero los ignoraba. Conducía con ansia por alcanzar su casa porque en ella sabía que su mujer lo aguardaba y el encuentro era tan efusivo como la primera vez que juntos la puerta de su hogar traspasaran.
     Al momento sus ojos buscaron al bebé a uno y otro lado, mas el bebé no estaba. Miró a la enfermera que lo acompañaba, preguntando sin mediar palabras. Ella tragó saliva antes de hablar: -Espere, el doctor le verá enseguida, yo le avisaré de su llegada. Y esperó sospechando mientras la miraba. No. Eso no podría ser. La angustia se apoderaba de él. Volvió a besarla suavemente. Una lágrima que escapaba de sus ojos a ella le cayó en el pelo en el momento que le volvía la cara. Adivinó que estaba a su lado antes de verlo, conocía su olor, su presencia aliada a su amor tan familiar y por fin, mirándolo le sonrió. Alargó la mano para coger la suya. Es un niño, -le dijo. Él respiró al fin profundamente.
sábado, 5 de septiembre de 2015 0 comentarios

A la Naturaleza (Algo de Prosa)

                  

                                                             A  la  Naturaleza 

  

                                          
                                              A  la  Naturaleza

     Yo, “desde su más tierna infancia” -como es el dicho- tuve la certeza de que mis hijos no eran míos.
Solo estaba obligada por amor a cuidarlos y educarlos.
       En este momento acabo de comprender que además solo somos transmisoras de ellos, antes y después de su alumbramiento.
       Son seres ajenos a nosotros; es cruel decirlo, más, vivirlo. Estamos solas, entonces, ahora y a o largo de nuestra vida y lo estaremos igual, a la hora de nuestra muerte.
       Nadie es responsable de este hecho. La vida es así, simplemente; se transmite por nosotras como vasos comunicantes, como alambiques, sin detenerse en nadie; sin principio ni fin, una espiral inacabable
de la que el hombre es partícipe porque así lo requiere la “Diosa Naturaleza” Inclinémonos ante ella. Siempre será más fuerte que nosotros y siempre nos doblegará. Pero, yo te digo  “Diosa” que con todo tu poder eres imperfecta. Hay muchas mujeres que escapan a este absurdo capricho tuyo. Mujeres que no te han servido para tus planes; no han fructificado, y también te digo que te han vencido. La pena es que ellas no lo saben; no se aperciben de que no son fracasadas, sino las vencedoras según esta teoría. Pero yo reniego de “ella” No lo acepto.
     Yo fui vida de mi madre y soy vida de mis hijos, y mis hijos vida de sus vidas, sus “pequeñas vidas”, sus  hijos. Y más lejos de este mundo difícil y misterioso, yo te digo,  ponzoña de Naturaleza; yo te digo –lo afirmo, lo rubrico- que de la vida que de mi madre vive en mí, en mis hijos y nietos no va a rodar a tu capricho. No la vas a moldear graciosamente. ¡No!. Me rebelo y te grito: esta vida va a durar eternamente, porque, por encima de ti está Quién a ti te hizo.
                                                                                                                 1  
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jueves, 3 de septiembre de 2015 0 comentarios

Casi Idénticos




Casi Idénticos

    Plasmar el pensamiento es un imposible.
    Más armado con bolígrafo y papel
si escribes con sentimiento
estás muy cercano a lograr este concepto.
    La vida en lo esencial
es común a todos los humanos.
    Las necesidades fisiológicas y nuestro físico
básicamente nos hermanan.
    En el pensamiento e ideas,
en las cualidades, bonitas o feas;
en las costumbres, bárbaras o refinadas
es donde diferimos más
aunque, no tanto como pueden creer
algunos pensadores o filósofos.
    Lo esencial en la vida
-excluyamos lo material-
es el amor y éste,
está presente en toda la gente
no importa cuál sea la postura,
la cultura de los pueblos diferentes.
    Son solo costumbres.
    Y si todos tuviéramos el amor,
como tal, en nuestra actitud siempre presente,            
casi idénticos seríamos los habitantes de este Ente.

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