De virus y Conciencias
Escribiendo espero que pase el virus que no quiero
tras los cristales de alegres ventanales
y mientras tanto..., me fijo en el paisaje
que al fondo desde casa vislumbro
de montes cuajados de verdor que la lluvia dadivosa
nos ha traído como consuelo benefactor.
Ayer, solo ayer, nadie suponía la plaga cruel, dañina que vendría
cargada de maldad, de angustia, miedo, reclusión,
robándonos la paz, comodidad y libertad.
La gente saca de sí misma aquéllo que ni saber sabía
que en su interior había por amor a los demás.
Entrega sin precedentes ante causa tan ardiente
en contagios, fiebres, sudor, lágrimas, muertes.
El mal afincado en nuestra tierra en ciudades, pueblos, aldeas,
se adueña de esperanzas truncadas, vidas rotas
y, en las casas confinadas las personas se hallan
cual las fieras en las jaulas sin cadenas que se vean.
Entonces surgen héroes que a la ciudad sitiada acuden en bandadas
para atajar el daño que ataca impiadosamente por doquier
a todo tipo de gente, eso sí, no es partidista
excepto en una causa, diezma a los ancianos en demasía.
Por qué, ¿acaso no han sido los luchadores
hijos de luchadores que elevaron las almenas de la reconstrucción?
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