¡Insolente!
Escapándome de mis
sueños
toqué al futuro con las manos.
¡Insolente! Díjome
y me condenó a poseer
solo el momento presente.
Sin recordar el
pasado
vivo de mí ausente,
sin esperanza en un mañana
muero en mí penitente.
Mi vida es solo un
instante,
un suspiro, un latido,
un paso vacilante.
No hay tiempo para
el amor,
ni la risa, ni el goce de un amante.
Muéreme, morirme
quiero,
grito inútilmente a mi destino
pues no hay muerte
para el instante presente
y, en mi sinvivir prisionera vivo
por olvidar que los sueños de la vida
no son para ser vividos.
Dic. 2002
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