sábado, 21 de marzo de 2015

Zona de Silencio


                        

                            ZONA  de  SILENCIO


     ¡Oh mundo! Qué lejos quedas cuando me sumerjo en mí.
     En la profundidad de mi espíritu nada me perturba,
nada molesto me llega de afuera.
     Nada que yo no quiera se introduce en mi zona de silencio;
en la zona sin desflorar que guarda mi intimidad celosamente
sabedora, cual eunuco que ha de guardarme para mi señor
y mi señor, carente de sexo soy yo misma encerrada en mi interior.
     Pozo profundo, inaccesible, al que solo expertos llegan
sabedores de haber encontrado el camino que conduce
a la salida del sinuoso laberinto donde yo estoy esperándome
deseosa de hablar conmigo misma, de compartir mis anhelos,
mis deseos, mis emociones, mi secreto amor guardado
que es tan mío que no sale de mi ser ni lo nombran mis labios,
tan protegido permanece en mí cual fulgurante diamante en urna de oro
en la más lujosa sala del más afamado museo,
cual tiara de perlas de la más hermosa princesa extraídas de conchas
del más puro nácar del más límpido fondo del mar.
     Amor que en mí nace y en mí confluye en círculo sin final.
     Platónico, lo llaman recordando a ese hombre que quizá
jamás vivió sentimiento alguno que a esto se asemeje.

     ¿Yqué nombre hay para este amor mío?
     Ninguno conocido que no es para ser mentado
ni experimentado, solo sentido, que bulle en mi fuero interno
tanto que casi ni yo lo admito
porque, no me parece posible tan inexplicable sensación
con solo evadirme de mi entorno,
cerrar los ojos e introducirme en mi ensueño
porque, al hacerlo, dejas de ver lo exterior pero en ti, internamente
percibes nuevas visiones que son solo tuyas, que no es posible compartir
ni con el ser amado aún si con él poder pudieras fundirte en un abrazo.
     Y unos minutos, segundos, de tan dichosa calma conturba tanto mi espíritu
en una explosión de clímax tan confusa, anhelada,
que no puedo comprender, ni analizar ni imaginar.
     Que no hay poeta, ni músico ni artista alguno
que plasme lo que hay en mis cerradas mente y alma,
ni llave alguna que abrirlas pueda a nadie de afuera.
     Que solo yo siento lo que siento y me abraso o enfrío en mi placer,
dolor o sentimiento sin asirme a mano alguna
porque todas están en otra dimensión
y, para salir de esta experiencia solo he de abrir los ojos y fijarlos
suavemente en todo lo que conozco, sean cosas o sean gente,
y después de ese momento me convierto otra vez
en un ser vulgar y corriente, de este mundo solamente.
     Estoy pensando en los ángeles, tal vea ellos me entiendan
aunque dudo, que ni aún ellos puedan siquiera comprenderme.

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