miércoles, 8 de abril de 2015

Nada




                  NADA


     Lo más preciado que poseemos,
lo único importante para luchar por ello
en nosotros se halla, nos rodea,
nos llena profundamente,
nos afirma en nuestra vivencia,
nos acompaña en nuestra andadura,
incansablemente fiel, sin fisuras,
a lo largo de nuestra experiencia
aprendida tarde, sin dulce clemencia,
como un juguete recibido a destiempo
o un alimento muy exquisito
que no apetece al estar ahítos.
     Cada momento es precioso
y lo dilapidamos alegremente,
de su importancia sin ser conscientes.
     Un día a otro sigue incansable
ofreciéndonos su don, inagotable,
mostrándonos su efervescencia,
su belleza asombrosa, exultante;
pasamos por ella sin apercibirnos
ocupados en nimiedades,
en asuntos intranscesdentes
con apariencia de vitales.
     El fin llegará, eso es seguro,
y lo obviamos, en lugar oscuro
lo mantenemos; sin pensar en ello
libres seremos. ¡Qué absurdo!
     La vida acaba y con ella nuestros anhelos,
nuestro vivir viviendo se desvanece,
en ese punto desaparece;
con ella nuestros apegos se adormecen
yaciendo unidos en lugar extraño
sin un despertar en lejano mundo.
     Todo vuelve al vacío oculto
de donde surgió sin ser parte en ello;
lo establecido por ley natural
nos es vedado el conocerlo
y lo aprendido en nuestro vagar
en ese instante lo perderemos.
     Solos. Solos completamente
volvemos al lugar naciente, el vacío,
mas, no ya para nacer de nuevo, 
para ser por siempre olvido. Nada.


                      *****                          

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