domingo, 28 de febrero de 2016

Febrero (Algo de Prosa)


Te busqué amigo Febrero y no te hallaba
pues, en el rincón de la poesía no estabas.
Hoy te encuentro publicado en prosa transformado.
Aquí te traigo, aunque algo retrasado.


Febrero

    Febrero el mes más corto, frío, distinto. Ufano de honrar al invierno a quién tan orgulloso pertenece.
    No te prefiero, pero me importas que en tus días nací a la Vida y sin la mía, ésta hubiera sido otra, ni mejor, ni peor pero distinta, y sin mi vida venida en uno de tus días no hubiera habido otras que se gestaron dentro de la mía; sin ellas hubiera sido más diferente todavía que ésta, se va modelando así con gente,  y con la vida animal, igual cambiante, bulliciosa, inquietante…y la vegetal, impúdica en su belleza, desvistiéndose y vistiéndose de mil formas y colores, siempre distinta y siempre igual de hermosa.
    Me contaron amigo Febrero que años ah, cuando mi pequeño ser salió a la luz por vez primera, que con un gran manto de armiño cubriste las calles de mi ciudad –que pueblo quiere ser en su humildad- en el que quedaron atrapados automóviles, carruajes y gentes de peaje, tan importante fue ese instante para el transcurrir de la vida pues en ella todo es importante y diferente y, por vulgar que mi existencia por ella haya sido en todo momento, fútil, he contribuido con millones de latidos a que su ritmo discurriera en el orden adecuado y seguiré haciéndolo hasta que el último me agote, saludando día a día cada amanecer desde el fondo de mi ser hasta, caer un día ya sin vida con mi ciclo realizado.
    Tal vez cuando esto suceda, Febrero, de nuevo tú estés a mi lado para cubrirme con un hermoso manto helado.
    Y se me llevarán dentro de una caja y, aunque en ese día me despidieras con la pureza de tus copos recubriendo el suelo, éstos no impedirían la marcha del cortejo porque ya, Febrero amigo, hay muchos adelantos y curiosamente, desharían la capa inmaculadamente blanca con otra igualmente como ella, aunque salada.
    Y no sentiré frío en mis huesos, ni en mis manos, ni en mi rostro.
    Y cambiaré el recuerdo de tu nombre Febrero, por otro más sublime “Cielo”
                            
                               *****                                         

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