miércoles, 29 de junio de 2016

El Viento Caza Gaviotas (Va a ser al momento)


                                                                                                                                   
                                           
                                                                             El viento caza gaviotas

   Un viaje de paseo por la laguna enorme que se cierne en lo alto de los cerros, en la barca de remos, sentada frente a él contemplando su rostro a placer. ¡Qué guapo! Pienso, que atractivo y atrayente, me hipnotiza con su mirada clara de luna plena, en la oscuridad de la noche cuando el sol aún se queda.
   Hace tiempo que nos conocemos y de temas íntimos no hablamos, solo con miradas nos comunicamos.
   Presiento que hay algo en su vida que lo hiere y desear saberlo quisiera, mas, me guardo de aplacar mi curiosidad con interrogantes que apartarme de él, pudieran.
   La tarde, ¡qué hermosa! Parece un regalo primoroso que la Naturaleza nos hiciera. Mis párpados sucumben al ensueño que a mi sentimiento aflora, y me sumerjo en mi sosiego con mi mente vacía de ideas. Nada tengo en mi interior que me distraiga, salvo el embrujo de su amparo desde que lo conociera.
   Han pasado…varios meses, no sé cuántos, no los cuento, solo son momentos sucesivos que me llenan de contento. El batir de alas escucho rompiendo mi pensamiento, las gaviotas juguetonas o en busca de sustento. Recuerdos. Recuerdos acuden a mi mente. Recuerdos.
   Aquél primer día paseando por la ría en la ruta de turistas, admirando el paisaje que casi todo lo rodea; mi mirada en el agua por descubrir algún delfín que nos han dicho que hay muchos y en un momento dado, levanto la mirada a un lado y lo veo, me está mirando, retengo su mirada y ya quedo atrapada.
   Se levanta fuerte brisa, el viento se alborota y como en un encantamiento se lleva las gaviotas, eso parece pues todas a una en su dirección se van, formando una volátil columna que, al alejarse parece ser que el viento las cazase.
   Desde entonces caminamos al unísono separándonos solo los momentos precisos. Es huésped de mi casa. No le pregunto ni me explica. Presiento que algo oculta y lo respeto, si un día quisiera me lo desvelaría, mientras tanto gozo de su sosegada compañía. No me hace preguntas ni lo necesito. Estamos juntos, habrá un momento para explicaciones, pienso a veces, o no lo habrá. ¿Habrá un momento para el compromiso?            
   Llegamos al embarcadero y brincamos al terreno firme que nos acoge presuroso, cual si  comprendiera que necesitamos llegar pronto a desfogar nuestro amor tumultuoso. Qué extraño destino, más parece desatino. Dos almas que se desconocen y se complacen; dos cuerpos que se conocen y se acoplan en éxtasis desbordante.
   Miro al cielo. Hoy lo tengo aquí, mañana, qué será mañana. Miro las estrellas y siento un escalofrío. Parece que me quisieran hablar y me retiro.
    No está a mi lado ni en la casa. Me siento en el porche y…aquí sigo. Aquí sigo.  
                                                                                                                                          29  Junio  2016
                                                                                                      *****


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