-Mira tú... Ayer mi nieta de seis años me
quiso enseñar a hacer sudocus o cómo se llame eso. Empezó a dibujar en la
pizarra de su cuarto los espacios y luego colocaba los números.
-Hasta el cinco ¿Eh, abuelo? -Sí, tesoro, hasta el cinco. Y los escribía y
borraba una y otra vez, hasta que de pronto lo borró todo y me dijo: será mejor
que empecemos por las sumas. Y me puso a sumar treinta y dos más veinticuatro.
Cuando acabó de explicármelo me preguntó que si lo había aprendido.
-Sí, mi amor. Eso sí.
La llamaron sus papis para cenar. El padre
se quedó con ellos, son mellizos, mientras mi hija me llevaba a la Avd ª de América para volver a
casa.
Vio que yo estaba llorando y me preguntó
el porqué. No podía hablar de la emoción que sentía. Al bajar del coche le dije
que lloraba de felicidad por la lección que me había dado su hija, y de pena,
porque su madre no lo hubiera podido disfrutar conmigo.
- Bueno
hombre, ya se sabe que las cosas son así.
-Cierto. Así son; y dentro de
pocos años sabrán mucho más que nosotros.
-Afortunadamente para ellos;
nosotros ya... con entrar en Internet tenemos bastante. Anda, anímate; que aún
te darán muchas lecciones más...
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