Sin Precio
Acaba de comenzar un nuevo y maravilloso día, así es
como debo tomar todos los que a partir de ahora me
lleguen, regalos magníficos de los cuales no he de desperdiciar ni unos pocos
minutos, bueno, tal vez algunos escapen de mi control, esos que se pierden en
somnolencias imposibles de controlar, pero han de ser los menos, así que he de
andar lista para aprovechar al máximo mis días pues ya no tengo la perspectiva
ni la esperanza de que sean muchos; mi ocaso ya tengo anunciado y no me ha de
causar lamento sino contento puesto que llena estoy de fe, espero en paz
reencontrarme con los míos en esa otra vida prometida.
Me hallo serena y dispuesta gozando cada nuevo
amanecer, como si para mí se realizara una nueva alborada y es que así es; cada
nuevo día es un regalo magnífico que el Señor nos ofrece y si no fuéramos
capaces de apreciarlo no mereceríamos vivirlo.
La vida parece ser con una longevidad infinita
cuando somos niños jugando alborozados en la calle como antaño sucedía. No nos
preguntábamos que sería de nosotros al finalizar la noche de nuestros juegos y
fantasías que, al dormirnos, en otros sueños se convertían. A veces los
compartíamos con los demás riéndonos con los caprichosos sueños acontecidos
durante la sosegada noche que como a niños inocentes sucedían, para olvidarlos pronto al comenzar con nuevos juegos en
paz y alegría.
Aquellos momentos cargados de magia e ilusión nos
fueron abandonando a la par que nuestro cuerpo en adultos se convertía y así, nos fuimos distanciando unos de otros, día a día, casi sin darnos cuenta de la
distancia que el tiempo y la vida nos imponía.
Y hete aquí, que como si salto de funambulista
rápido y vertiginoso hubiéramos dado a través de la vida, nos hallamos hoy
aquí, teñidos de canas sin intervenir en ello ninguna treta artificial de
profesional de cosmética o peluquería.
Quién no se ha preguntado alguna vez ante nuestra
imagen en el espejo reflejada si esa persona que nos devuelve es acaso la
misma, aquélla que nos delatan las fotografías y, en las cuales se nos recuerda
que sí, que somos los mismos que hace ya muchos años jugábamos fantasías. Los
mismos, las mismas, y mientras en ello pensamos un pozo de añoranza nos hunde
en melancolía punzante, triste, añorada infancia o, al menos, recordada por
unos instantes como una hermosa etapa vivida que tal vez no fue mejor, pero
aunque así no lo fuera no lo recordamos tal cual era, solo conservamos un tenue
recuerdo transido de alegría.
Ahora me remito
al presente. Al aquí y ahora y me doy cuenta de tantos hechos acaecidos al
trascurrir de los años que, sin embargo, paréceme que han sucedido en tan solo
unos pocos días ¿Cómo es posible que ese gran cambio se realice sin apenas
sentirlo acompañando a nuestra vida? Crecimos, es indudable y diferentes rumbos
tomaron nuestras vidas mas, no han diferido demasiado unas de otras. Amor o
amores, no sé: hijos, sobrinos, nietos, una gran familia y trabajo, mucho
trabajo para disfrutar de una acomodada vida más o menos sencilla, pero
compartida. Después… ahora es nuestro después. Ayer, hoy y quizá lo sea mañana, pero eso no lo
sabemos. Dormiremos esta noche quizá inquietos, quizá envueltos en sueños
placenteros. Cada noche al acostarme me deseo dulces sueños – con distinta
proporción de azúcar, que cada cual es goloso en grado diverso- y al despertar
al alba raramente los recuerdo, suponiendo que a mi mente dormida hayan llegado
o ya ni siquiera pueda disfrutar de ellos. Pero un nuevo amanecer se me ofrece
y al mirar al cielo lo veo mucho más elevado que cualquier sueño soñado y lo
mismo al mirar al suelo. Los árboles vigorosos, los transeúntes, las ventanas
que se abren para dejar pasar el viento purificador, tanto y tantas cosas
advierto que al susurro –me parece- me dicen que estoy despierto, vivo. Hoy
estoy vivo. Una vez más disfruto este regalo sin precio.

0 comentarios:
Publicar un comentario