Primavera
Primavera, no te he vislumbrado apenas
y ya te me difuminas, presta, alejándote
sin apenas dejar huellas al pasar.
De refilón te he contemplado,
en el iris de mis ojos de soslayo
te llevo, más añorándote, que ilusa,
poseyéndote en mi roma admiración.
Del frío me he resguardado
evitando resfriados en los crudos meses
(no sé por qué no cocinados)
con mis mantas y abrigados atavíos
protectores del gélido enemigo
en los cortos días invernales
esperándote con ilusión ambiciosa,
hasta que, de pronto, una mañana
aún fría, llaman mi atención precisa
unas plantas fieles, generosas,
al pasar por el camino, cansino,
de mi notoriedad requieren
y, sin propósito preconcebido las miro,
descuidadamente primero, para después
fijar en ellas mi mirada con esmero.
¡Oh qué emoción me invade!
El milagro otra vez se hace nuevo.
Esos pequeños brotes, delicados, tiernos
ante mis ojos se ofrecen, los contemplo
con renovada esperanza.
Otra vez voy a tu encuentro
o eres tú quién a mí vienes
pues no sé si te he añorado
o tú me has echado de menos.
Prosigo mi andadura renovada
sensible ante la vida que anuncias.
No te fuiste, no me abandonaste;
ambas fuimos relegadas por fuerzas
inusitadas a una espera prolongada,
yo de ti huérfana y tú falta de mí.
Amiga mía ¡qué gozo, qué alegría!
Mis pasos se aligeran, mi pensamiento
ora y canta en mi interior
mientras mi camino prosigo;
una nueva primavera me espera;
¡no he de sentirme feliz!
Una más, una más, me repito
ansiando ya ver tus flores
de exuberantes olores y colores
excitando mis sentidos, rememorando
los robados besos bajo tus arbustos
ante los dorados rayos del atardecer.
Solo recuerdos, pero... ¡Qué recuerdos!

0 comentarios:
Publicar un comentario