martes, 17 de septiembre de 2013

Dos Prisiones




 Encierro

¡Ay noche! No me descubras.
Alíate con mi secreto,
que nadie sepa la pasión que por él siento.
Sola en mi catre viejo, mi cuerpo inquieto, suplicante,
tenso por el ansia de tus besos.
Que me abrasan sin rozarme o me hielan con su fuego
porque no sé si es calor o es helor lo que mi cuerpo siente
con tan solo tu recuerdo.
Nunca llegarás a mí ni sabrás que en mi aposento
estoy rendida a tu deseo sin que descubras jamás
mi sin vivir en mi encierro.
Pasaste tras mi muro cuando desde una grieta espiaba
desde un resquicio oculto la libertad del campo abierto.
Cuando llueve lo traspasa el agua,
llora -pienso- y limpio con mi pañuelo
la lágrima de la pared porque me duele su duelo,
y el viento, por él penetra 
y por él dejo acariciarme las sortijillas de mi pelo.

He sido feliz con tan poco... mas, desde que te vi
todo lo he dilapidado por poseer tu recuerdo,
que has entrado en mi razón, anidado en mi cerebro,
onubilado mi mente.¡Oh! y esa sensación nunca sentida
es lo que llaman amor, presiento.
¡Qué locura! No lo entiendo; confusión, desconcierto,
y yo aquí presa en mi celda, qué desaliento siento.
Ven a mí, sálvame de mi prisión,
la que me acosa en las noches que es de las dos la peor.
Ya. Ya me sosiego, dormiré por un rato
hasta que me vuelva este tormento;
sensación del alma, sensación del cuerpo.
No me reconozco en mí mientras me dura este asedio.  

*********

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;