sábado, 14 de septiembre de 2013

Edelweiss



                                                           Una flor, un aroma, un color
                                       
 Una flor, un aroma, un color; solo eso necesito para evocar tu amor.
Aquella tarde de otoño entre los riscos nevados,
brillando el sol en tus cabellos vi la edelweis entre tus dedos.
Cuando elevaste tu rostro y me absorbiste en tus ojos,
mis pies clavados al suelo, mis brazos temblorosos
deseosos de abrazarte, mis labios con el ansia de besarte.
Iniciamos el descenso sin concertar un acuerdo,
yo detrás de tus pasos seguros y expertos.
En la ladera paramos, firmemente nos miramos.
La ventisca arreciaba al final de la bajada.
Justo al refugio llegamos, allí nos cobijamos
ambos bien pertrechados en rincones apartados.

No sé si tú dormías, si sé que yo no lo hacía;
contenía la respiración por no turbar tu descanso
mas, cuando el alba nacía el sueño ya me vencía.
Mas tarde al despertar no te pude encontrar;
las huellas que dejaras nueva nieve las tapara.
En el pueblo inquirí por ti; alguien te vio partir.
Tu figura se pierde en mi mente mientras que mi amor por ti crece.
No puedo fijarme en otra pues me siento traicionero.

Ha pasado mucho tiempo diluyéndose tu recuerdo.
En la cima estoy de nuevo con el ánimo maltrecho.
¿Qué habrá sido de ti? ¿Eres al menos feliz?
¡Qué hermosa flor, edelweiss! Aquí te ofrezco mi pecho.
Una flor, un aroma, un color, solo eso necesito para mitigar mi dolor.

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