Algo
De mí quiero que fluya algo inmaculado,
que no me suma en nostálgico recuerdo
carente de actual sentido, conato de lamento.
Quiero mil quereres añorados por su ausencia,
desconocidos por no transmitir vivencias;
quiero reír a fuertes y libres carcajadas,
llorar por dulces experiencias de felicidad.
Felicidad sincera, mágica, irradiando de mi ser
desbocándose a raudales de mi interior recóndito,
flotando airosamente por el nebuloso espacio
sin freno ni comedimiento, lejos, muy lejos,
en un lugar alejado, limpio, desconocido por todos,
para mí solo creado, para mí solo visible
donde yo esconder pueda todos mis sentires:
los hermosos, los frágiles, los irrepetibles.
Los que me han sido regalados por cientos de personas,
amigos, del antes, del ayer, de este preciso momento
que se me han ido quedando sin yo saberlo, dentro.
mas, que en ese lugar seguro guardar deseo por siempre
para acercarlas a mí en un desconcertante encuentro.
Encuentro quizás tan lejano que a él jamás alcance
por no serme concedido el conocerlo.
Siento ardor en mi interior provocado
por un fuego abrasador no sé por quién avivado,
pues, no hallo modo de apagar en mí tamaño incendio.
mas, no puedo refrenarme, es un tormento.
De mí, querer quiero alejar tantos resquemores
que me llenan de desagarro y confusión,
sabedora de provocar resentimientos
a personas buenas, inocentes, amor de mí pretendiendo,
ignorando que no está en mí el bálsamo consolador
que sus vidas necesitan, y a mí porfían incansables,
en una espera inútil, por mí no respondida.
Mi naturaleza es harto débil, así lo percibo;
sé que no soy esa persona que buscan y precisan.
Llena me hallo de sutiles defectos, ocultos a su vista,
y, me veo dibujada en el interior de sus miradas
angustiadas, imprecisas, ignorantes de su aflicción,
desconcertadas por dolores y desdichas siendo buenos,
en sus rostros se adivina, sus acciones lo demuestran,
tanto unos a otros se aman, se prodigan...
Me enternezco al contemplarlos, si supiera, si pudiera,
tanto su desgarro me duele que a mí misma me entregara
sin reserva ni cobardía, diera por todos mi vida
pero, no sé cómo ni a quién dirigirme en tal misiva
que me escuchara, complaciera, que con decisión certera
los males que les agobian les desaparecieran.
¡Ay si si ellos supieran la inquietud que en mí mora
en todo momento, a cualquier hora!
La paz en mí no existe, ¿la he de transmitir pues?
Desde mi humilde altura os miro queridos amigos
inquiriéndome afanosa por qué he sido creada
si no os sirvo presurosa para vuestro bienestar,
para preservaros de cualquier disgusto o mal.
Tanto amor en vosotros veo que solo vuestra paz deseo
y, en cambio, tan solo os causo pesar.
Volveos en otra dirección contraria a la que yo llevo.
En mí no hallaréis amor, ni sosiego, ni consuelo.
Lo afirmo, pues de ser capaz ¿no lo experimentaría yo?
**********

0 comentarios:
Publicar un comentario