miércoles, 25 de septiembre de 2013

Gloria




  Dime como te llamas


        Sobre un alféizar con flores vi una cara morena,

semioculta en sus colores,
y ya no pasa momento que no esté pensando en ella.
        Todas me parecen ser la que con ansia deseo
vislumbrar entre las chicas que por las calles transitan.
        Tan atolondrado estaba que no reparé en volver
a pasar ante la fachada donde prendado quedé.
        Y lo hice; volví de nuevo al lugar, pero tiempo pasado había.
        Pregunté por esa inquilina; dijéronme que se moría.
       Corrí al sitio que la albergaba entre sábanas desgastadas
por el roce de cien cuerpos,por otras tantas lavadas.
        Yacía semicubierta con la mirada extraviada.
        La sonrisa no adornaba su rostro, la piel le hacía mortaja.
       ¿Cómo te llamas, dime? ¿Cómo te llamas?
        Necesito saber tu nombre, necesito que no te vayas.
        Tu vida es la vida mía y la pierdo al encontrarla.
        No puede responderme. Exhala.
        Su último aliento, siento que me ha traspasado el alma
y lo que puedo hacer es... nada.
        Semioculta entre las flores marchitas de su ventana
creo ver su fantasmal faz pidiéndome que no me vaya.
        Me he trasladado a ese piso mugriento y con telarañas,
que nadie ha vuelto a habitarlo desde que ella marchara.
        He perdido trabajo, bienes, todo lo que me honraba.
        Sentado en un rincón estoy, por mí nadie puede hacer nada.
        Tu nombre, dime tu nombre; esa obsesión me mata,
y que me mate es lo que busco para poder reencontrarla.
        No hay flores en la ventana.
        Ni siquiera veo el fantasma.
        Quizá no ha existido nunca.
        Quizá mi mente desvariaba.
        Quizá, quizá... cierro los ojos, que descanse en paz mi ánima.
        En torno a mí se expande como un halo de paz...
Me acaricia el rostro. 
        Un bienestar nunca sentido me llena e inunda todo.
        ¡Ya sé cómo te llamas!
        ¡Gloria!
       
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