Gitanas Rumanas
Mujeres jóvenes, amantes, madres.
Niños a la cadera, faldas a los pies,
dientes brillantes, mano extendida, suplicantes.
Su tierra lejana las dejó marchar,
indiferente a sus pasos vacilantes,
a su truculento drama, a su vida errante.
Sandalias desgastadas, espaldas doloridas,
niños cansados, lagrimeantes.
Hombres rudos recolectando las monedas;
reciben golpes si no es bastante.
Un catre mugriento recoge su desaliento,
su rabia, su debilidad, su desamparo.
Al otro lado de la noche las acecha otro día.
Igual de ingrato. Inexorable.
Tal vez en algún momento
muestren un poco de oro en su boca
o para adornar su carne.
Tal vez en otro momento
apeen a sus hijos de sus caderas
y, éstos, jueguen en la escuela.
Tal vez.
Tal vez, sean de ellas mismas,
no pertenencia de alguien.
Tal vez su soledad acabe.
Regresen a su país perdonando a la tierra.
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