¡Ahhh! Alegría Inmensa.
La lluvia, la lluvia tintinea en mi ventana;
me levanto presurosa a mirar
y, me parecen diamantes sobre los cristales las gotas de lluvia.
Salgo rápido al jardín en busca de mi niña preciosa.
Me mira con sus ojos grises sin comprender
por qué está mojada.
Mamá, si no estoy en la bañera, me dice
y, me la llevo en volandas hacia la casa.
Voy riendo y, mientras le quito la ropa, pienso
en aquélla mañana clara en la que miré a mi madre con la misma mirada.
Cierto que yo era menos pequeña
pero me lo ha contado tantas veces...
aunque la sorpresa fue similar, imagino.
Recuerdo solo su sonrisa.
A veces me dicen que soy como ella y, sin embargo, no me lo parece en las fotos.
Mi madre mucho más guapa y, su pelo, era una cascada de rizos que le adornaban la cara.
Eso era creo lo que yo no veía en mí, ni rizos ni sonrisa apagada;
la alegría que yo tengo a ella le faltaba.
Miro a mi niña mientras la cubro de nuevo
con su vestidito rosa con pajaritos en vuelo.
La abrazo con mimo y fuerza a la vez, mi tesoro, mi bien preciado.
Juntas tras la ventana miramos la lluvia.
¿Por qué cae agua mamá?
Me dice con su mirada blanca, pura, por nadie estrenada.
Cae agua del cielo mi niña, cae vida, esperanza.
No puedo explicarle más, es muy pequeña.
¡Cómo decirle que nuestros campos se agostan sin frutos,
que no nos alcanza el sustento si no cae ese agua,
que su padre y abuelo lloran en la noche por su trabajo baldío
sin traer alimento a la casa!
Meses sin caer ese don del cielo, meses interminables
sin poder hacer nada y, esa gente malvada que desvía las nubes
dejando olivos en sequía prolongada.
Qué llueva mi niña, eso es lluvia, así se llama.
Mas son diamantes, yo sé que lo son
y, con ella en mis brazos canto embelesada.
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Alcalá de Henares 14 junio 2023
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