martes, 28 de marzo de 2017

De Periodistas y Paraguas



                                                                    De Periodistas y Paraguas

    Era tarde y la lluvia hacía su tímida aparición mientras Héctor, ultimaba los asuntos del día en el ordenador, para que todo quedara a punto para comenzar el trabajo a la mañana siguiente, mas, cuando salió a la calle desde el aparcamiento, conduciendo el coche, ya la lluvia arreciaba hasta el punto de que el parabrisas apenas dejaba verter el agua que lo anegaba. Paró ante el rojo del semáforo y, entonces, vio a una mujer parada, sin iniciar el paso a la acera opuesta; no tenía paraguas y se estaba calando evidentemente, por eso la miró con más atención. El semáforo le dio paso pero él no arrancó porque le extrañaba la actitud de esa mujer.
    Abrió la ventanilla y le gritó: Señora, ¿le pasa algo? ¿Puedo ayudarla? Llevo un paraguas, puedo prestárselo si quiere…y, cogiéndolo de la parte posterior del coche, se lo mostró a ella que seguía imperturbable mientras el agua le resbalaba por la cara y la ropa.
    Héctor se apeó y se le acercó hablándole: Señora, tome el paraguas, por favor, me da no sé qué verla a Ud. así, a mí no me hace falta, ohhh, mejor, si quiere la puedo llevar a su casa, está empapada y puede enfriarse.
    Fue entonces cuando ella al fin reaccionó y mirándolo, le dijo: acabo de matar a mi marido.
    Héctor quedó en suspenso. ¿Era eso posible? –se decía mentalmente. Tal vez era una persona trastornada. Entró en el coche decidido a llamar al 091 y así lo hizo. Esperó la llegada de la policía que pronto se anunció con la sirena del coche.
    La mujer no se movió y él pudo ver, desde el interior del coche, como hablaban con ella aunque, no escuchaba sus palabras. Entonces uno de los policías se dirigió hacia él quien, bajando la ventanilla se dispuso a atender el requerimiento del agente.
    Explicó lo poco que sabía y, después, ya libre su atención del asunto, decidió continuar hacia su casa. Era tarde y su familia lo esperaba para cenar.
    Ya, solo en la alcoba con su mujer, le contó lo sucedido y, puesto que el cansancio lo empezaba a dominar la besó, bueno, se besaron, y se acurrucaron dispuestos a dormir, cosa que no les llevó mucho tiempo; ambos tenían que madrugar al día siguiente.

    Martina llegó a la redacción temprano y al momento Lucas le informó que diera salida al suceso de la noche anterior, una mujer había matado a su marido en la calle Luna y quería que                  ella cubriera el caso.
    Martina se personó en dicho lugar donde ya no quedaba nadie, a excepción de unos vecinos curiosos.
    ¿Qué iba a escribir? –Pensaba. Ya los demás diarios se les habían adelantado. Fue a la comisaría donde no obtuvo información relevante y desde allí se acercó al depósito con similar resultado. No tenía nada. Un vez más el jefe le iba a dar una reprimenda. Se sentó ante su escritorio y de pronto recordó. ¡Pero qué pedazo de tonta! Si lo tenía fácil; una información única que los colegas desconocían y, prontamente, comenzó a escribir su artículo.
    El jefe de redacción quedó satisfecho de su trabajo por una vez y, dirigiéndose a ella le dijo: bien Martina, a ver si sigues así, y se fue.
    El artículo era realmente bueno porque ella no era avispada cazadora de noticias pero sí una excelente redactora. Ese día podría decirle a Héctor que por fin la habían felicitado. Tenía tanto temor de que la despidieran…estaba en prueba y cada día temía por su no renovación en la plantilla.
    Hay días qué valían más que otros, no les cabía ninguna duda. El bebé dormido. La abuela en su sillón disfrutando su serie de investigación y ellos, felices. Qué bella era la vida y…la noche...                                                                                                              6  Nov.  2016                                                                                                                                                

    

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;