MIS
ÚLTIMOS MESES
Mis últimos meses, mis mejores momentos,
porque en ellos los recrearé todos, los que me cortaron el aliento. A veces con
lágrimas pero de esos… pues ya no los recuerdo, me niego. No quiero revivirlos
de nuevo.
Al atardecer cerrando los ojos a la caída
del sol lo acompañaré en sus destellos que brillarán para mí, ayudándome en mis
bellos recuerdos. Muchos se han perdido, las células todas van con el tiempo
muriendo y, a nuestro pesar, muchos de lo buenos hechos vividos también se han
perdido, diluidos en el vacío que dejan los años, testigos de felices
encuentros mas, no es ese mi proyecto en este instante, lo que quiero reflejar
no es eso; lo que quiero, deseo, anhelo, es imaginar lo que quiero vivir en mis
postreros tiempos en este mi mundo, porque el mundo nos pertenece a cada uno,
somos sus dueños y así se va conformando nuestra vida como un pasatiempo.
A veces he pensado que no vivimos, soñamos,
que la vida todavía no es nuestra; la nuestra, después la alcanzaremos, y, en
este pensamiento supongo, que no vive en mi cuerpo, que sueño. Todo lo sueño en
unción, las experiencias y los recuerdos, pero es a esta vida fingida a la que
le quiero transmitir mis deseos.
Dejaré un día mi casa por incapacidad física
o mental. En la segunda opción no me detengo porque sería inútil gastar en ella
pensamiento alguno, me voy a la capacidad del razonamiento cuando pueda aún
disfrutar de lo que más me gusta.
No precisaré un espacio inmenso, el piso
que habito bien podrIa ser, ojalá, ese espacio último pero, daría lo mismo si me
trasladara a otro más pequeño. Habría en él una o dos plantas, seguro, mis
seres vivos para yo cuidar de ellos. Una estantería ocupada de libros, los que
más me han llegado, los preferidos, los que lleve conmigo: los Evangelios y D.Quijote
y otros que me han perdurado a lo largo
del tiempo. Los Miserables, La
Regenta , Guerra y Paz, Los Hermanos Karamazof, Los Episodios
Nacionales; religiosos de santos, ninguno, teniendo la fuente…para qué ir a por agua al
comercio.
Pendiendo de la pared mi reloj; por él me
hubiera peleado en caso de rompimiento, y platos de cerámica por las paredes,
diversos. Miro a mi alrededor y todo lo tengo. Cama, mesilla, escritorio,
armario, lleno no demasiado de mis
prendas preferidas y un cuarto de aseo con pocos potingues, si ahora no me he
quitado las arrugas sería inútil intentarlo,
además imaginaría que son lienzos inacabados de un pintor experto, no digo cual,
preferido no tengo, bueno sí, de Sorolla que quiso en mi rostro pintarlos y yo
le dejé a cambio de un beso.
Un gran
ventanal desde dónde divisar el sol, cuando sale o cuando se va, eso no
importa, porque en realidad ni lo uno ni lo otro hace, su movimiento envolvente
es continuo y eterno, y terreno ajardinado para salir a la sombra de un arbusto
a releer un libro o una revista del Centro, que llevaría conmigo también pues
con tales compañeros no se perdonaría el olvido a tan meritorio esfuerzo.
Reunido todo esto ya podría sentirme feliz,
como en casa, con lo mejor y más querido por mí poseído, en anteriores más o
menos alejados tiempos.
Qué falta
algo, pensaréis, claro. Claro que falta, pero esos seres queridos no estarían
dentro de mi nuevo aposento, ellos llegarían de visita con toda su entrega y
cariño porque se recoge si se siembra y yo algo he sembrado, aunque no hayan
sido huertos pero, cosecha tan buena he recibido que la seguiría recibiendo en
mis posteriores momentos, los mejores, porque es el último bocado el más
suculento, y, llena de su conversación e impregnada de la fragancia de sus
besos, quedaría nostálgica al verlos marchar para reaccionar al pronto y
entregarme a alguna actividad pronta, para no dejar a la emoción morar en mi
pecho.
¡Qué deleite pensar en mis últimos meses! ¿Cuántos?
Acaso importa. Todas las vidas quedan inacabadas, pero retendré siempre en mí
la esperanza de que después viviré, porque lo que creo vivido, es solo un sueño. 12 Mayo 2016
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