DICIEMBRE
Si apenas has llegado y ya te vas de mi
lado.
Nos anuncias tu llegada como canto de
alborada,
y,
te recibimos gozosos para ver que presto
te
diluyes ante nuestros asombrados ojos.
Pasamos del nostálgico Otoño a tu
anunciado frío
en
tan rápido movimiento, que de no ser por los almanaques
no
nos apercibiríamos del cambio radical y esperado
como
cada año, que sin embargo nos sorprende una vez más.
Decirte quisiera tantas cosas en estos
cortos momentos
antes
del nuevo año, que tras de ti se acerca,
fuerte,
vigoroso, exigiendo su protagonismo
cual
actor en escenario dispuesto para actuar.
Pero... contigo me sincero –no tengo
amigo fiel-
y
de ello con gran pesar te refiero: me duele, me duele,
pues
no hay mayor bien que el de una buena amistad.
Yo no la tengo ¿sabes? No la he sabido
encontrar,
aún conociendo a numerosas personas en mi largo caminar,
de
las que me he sentido cercana, a veces más, querida,
pero
el tiempo de mí, ha tenido a bien separar.
Las recuerdo con nostalgia, con hambre
por su abrazo
que,
sin embargo no me llega, no se me alcanza,
las
frías tecnologías nos alejan, no tienen calor personal.
Es por eso que contigo me comunico,
amigo Diciembre,
tú,
inmaterial como eres, no me puedes rechazar.
Mi entrega en ti pongo, no me has de
defraudar
y,
así es como a tus iluminarias adornando la ciudad,
les
digo mis pesares, mis añoranzas, mis deseos,
todo
lo que en mí se halla a ti lo entrego
en
un acto inútil pues... no me puedes escuchar
Las respuestas en tu inmaterial
sustancia las coloco
y
por ellas –imagino- me son aclaradas mis dudas
y
en ti descanso mi cansancio, mis ansias de libertad.
Quisiera poseer cualidades positivas a
raudales
y
al transitar la calle expandirlas por doquier,
cada
persona en su trasiego a su hogar, de mí algo llevara
que
le diera felicidad, la auténtica, esa que mora en Dios,
y
que algunos disfrutan sin tener que, este mundo abandonar.
Diciembre, ¿ves qué maravilla en mi
actúa?
Tu
semilla hace un año en mí sembraste y ahora brilla;
soy
una de esas luces primorosas, comerciales,
pero
que preludio son de días especiales, tristes o alegres,
eso
no es lo primordial. Esconden deseos magníficos
más
o menos sinceros, breves o duraderos,
pero
que a nosotros acuden elevándonos de este suelo
por
momentos ciertos, aunque después se suelan olvidar.
Así somos los mortales: antojadizos,
desleales, magníficos...
dependemos de nuestro estado emocional.
Creo que esto que te digo te sobrepasa,
no eres intelectual,
ni
sabio, ni erudito, percibo que te está siendo indiferente
y,
es que soy absurda, así me reconozco hablando contigo
cual
si me pudieras escuchar o comprender,
pero...
aún sabiendo que solo a mí me dirijo, en ello insisto;
mejor
que hablar solo, es tener un amigo imaginario,
que
nunca falla, nunca la razón quita, ni halaga ni traiciona,
y
que, en pasando el tiempo, siempre a nosotros vuelve,
anunciándonos
días de bonanza si nos trae la nieve
y
si ésta no llega a su paso, igualmente permanece fiel.
Diciembre amigo, te estás yendo y ya te
anhelo otra vez.
19 DIC. 2015
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1 comentarios:
buen trabajo,
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