sábado, 19 de diciembre de 2015

Diciembre



                                                                                                DICIEMBRE


       Si apenas has llegado y ya te vas de mi lado.
       Nos anuncias tu llegada como canto de alborada,
y, te recibimos gozosos para ver que presto
te diluyes ante nuestros asombrados ojos.
       Pasamos del nostálgico Otoño a tu anunciado frío
en tan rápido movimiento, que de no ser por los almanaques
no nos apercibiríamos del cambio radical y esperado
como cada año, que sin embargo nos sorprende una vez más.
       Decirte quisiera tantas cosas en estos cortos momentos
antes del nuevo año, que tras de ti se acerca,
fuerte, vigoroso, exigiendo su protagonismo
cual actor en escenario dispuesto para actuar.
       Pero... contigo me sincero –no tengo amigo fiel-
y de ello con gran pesar te refiero: me duele, me duele,
pues no hay mayor bien que el de una buena amistad.
       Yo no la tengo ¿sabes? No la he sabido encontrar,
aún conociendo a numerosas personas en mi largo caminar,
de las que me he sentido cercana, a veces más, querida,
pero el tiempo de mí, ha tenido a bien separar.
        Las recuerdo con nostalgia, con hambre por su abrazo
que, sin embargo no me llega, no se me alcanza,
las frías tecnologías nos alejan, no tienen calor personal.
       Es por eso que contigo me comunico, amigo Diciembre,
tú, inmaterial como eres, no me puedes rechazar.
       Mi entrega en ti pongo, no me has de defraudar
y, así es como a tus iluminarias adornando la ciudad,
les digo mis pesares, mis añoranzas, mis deseos,
todo lo que en mí se halla a ti lo entrego
en un acto inútil pues... no me puedes escuchar
mas, hablarle a las cosas es otra manera de dialogar.
       Las respuestas en tu inmaterial sustancia las coloco
y por ellas –imagino- me son aclaradas mis dudas
y en ti descanso mi cansancio, mis ansias de libertad.
       Quisiera poseer cualidades positivas a raudales
y al transitar la calle expandirlas por doquier,
cada persona en su trasiego a su hogar, de mí algo llevara
que le diera felicidad, la auténtica, esa que mora en Dios,
y que algunos disfrutan sin tener que, este mundo abandonar.
       Diciembre, ¿ves qué maravilla en mi actúa?
Tu semilla hace un año en mí sembraste y ahora brilla;
soy una de esas luces primorosas, comerciales,
pero que preludio son de días especiales, tristes o alegres,
eso no es lo primordial. Esconden deseos magníficos
más o menos sinceros, breves o duraderos,
pero que a nosotros acuden elevándonos de este suelo
por momentos ciertos, aunque después se suelan olvidar.
      Así somos los mortales: antojadizos, desleales, magníficos...
 dependemos de nuestro estado emocional.
       Creo que esto que te digo te sobrepasa, no eres intelectual,
ni sabio, ni erudito, percibo que te está siendo indiferente
y, es que soy absurda, así me reconozco hablando contigo
cual si me pudieras escuchar o comprender,
pero... aún sabiendo que solo a mí me dirijo, en ello insisto;
mejor que hablar solo, es tener un amigo imaginario,
que nunca falla, nunca la razón quita, ni halaga ni traiciona,    
y que, en pasando el tiempo, siempre a nosotros vuelve,
anunciándonos días de bonanza si nos trae la nieve
y si ésta no llega a su paso, igualmente permanece fiel.
       Diciembre amigo, te estás yendo y ya te anhelo otra vez.


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