martes, 1 de abril de 2014

Viajeros




Viajeros


Subo al estribo y me adentro.
Miro a ambos lados, encuentro un asiento. 
Mis ojos recorren el espacio sin curiosidad, despacio.
Caras alegres, juveniles, cansadas, tristes, febriles.
Figuras esbeltas, bellas; otras rollizas, marchitas.
Personas vulgares, sin ruido, conocidas solo por sus amigos.
Pienso que hay tras ellos una historia diversa, única.
No son seres para las revistas; si alguno saliera en las noticias
lo haría por temas violentos y no por su vida de cuento.
Y yo soy una de ellos, una más del vagón.
Somos carne del montón, trabajadores vulgares
tragados y expulsados del tren a horarios puntuales.
Nuestra vida monótona nos convierte en similares
y así, un día y otro. ¡Qué futuro tan "seguro"!

Afrontarlo es de valientes, valientes de esas legiones
que al ser tantos y tantas nos transforma en seres molientes.
Me rebelo. No quiero. Ellos y yo tenemos anhelos.
No queremos notoriedad, tampoco ambigüedad.
Batallón incontable, gente formidable
que se pierde en las calles, que se oculta en sus casas,
que vive desapercibidamente y que, sin embargo,
 somos los pilares en que los famosos necesitan sostenerse,
pues, no hay fama ni gloria si extenderse no puede
entre la gente corriente.

*****

1 comentarios:

carmen vega malnero dijo...

No hay vidas vulgares sino, historias no contadas. C.

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