Llamaste a la puerta
Creciste en mí y desde el primer instante parte
principal de mí fuiste. Cuando te conocí al fin, nadie en el mundo había sido
tan feliz porque cada nuevo nacimiento a la vida es único e incomparable, por
eso cada madre estrena la maternidad, no solo la propia, sino la universal. Te
crié y cuidé con mi mayor desvelo como hacemos casi todas, sin aprenderlo.
Orgullosa estuve de los resultados de tus estudios, ni
mediocres ni sobresalientes, pero eran los tuyos y todo lo tuyo para mí era
importante. Te portaste bien y a veces te desviaste de lo enseñado por mí, mas
siempre me tuviste. Nunca te fallé ¡Como iba a hacerlo si tú eras mi bien
primero! No. El único, por el que vivía y sufría, ora trabajando, ora llorando,
ora esperando que a casa volvieras cuando marchaste sin dar excusas de tus
razones. Yo tan solo esperaba tu vuelta a casa cuando supe como y con quienes
andabas.
No me quejaba, suplicar... Sí. Eso si hacía, al
Redentor que también por ti un día muriera y, así, fuiste formando mi vida en
algo triste y desgraciado porque así era la vida tuya. Mientras tú no
regresaras al camino correcto que te redimiera yo solo esperar podía, y eso
hacía.
Llamaste a la puerta por fin un día, sin dar patadas,
ni voces, ni amenazas. Abrí la puerta y al ver tu mirada, casi se rompe mi
corazón; volvías a casa para quedarte, ¿adónde irías? Ya nadie te recibía. Ya a
nadie falta le hacías ni para comprarle la papelina. Todos sabían que te
morías. Te cuidé con mimo, -eres mi niño- yo te decía y, -te quiero como
eres- te repetía.
Te dejaste cuidar sin protesta alguna, estabas tan
débil. Poquito a poco resurgías, eso me parecía en mi esperanza nunca perdida
y, a tu lado sin desmayar, un día a otro despacio seguía.
No quería creerlo. Grité tu nombre hasta perder la voz que nadie oía. Solo. Solo conmigo estabas, igual que el día que viniste a la vida. -Te has vuelto a ir. ¿Por qué lo has hecho?- ¿No te dabas cuenta de lo que yo te quería?
No quería creerlo. Grité tu nombre hasta perder la voz que nadie oía. Solo. Solo conmigo estabas, igual que el día que viniste a la vida. -Te has vuelto a ir. ¿Por qué lo has hecho?- ¿No te dabas cuenta de lo que yo te quería?
*****

1 comentarios:
He querido introducir dos versos tuyos pero el sistema no lo permite.
Bien, dices que no comprendes el porqué de la indigencia.
Si me permites, querida amiga, tiene una respuesta clara y meridiana. Si no hay para todos, es porque algunos acaparan de un modo avariento y descontrolado y porque los demás, de alguna manera, también somos insolidarios y mientras tengamos para nosotros, los demás nos duelen de un modo relativo...
Te felicito por el tema interesante. Un abrazo. Franziska
Publicar un comentario