viernes, 19 de mayo de 2017

Ya Tarde




Ya Tarde


      Hablar. Necesito hablar y sola me hallo conmigo.
No hay amiga más fiel ni compañía más solitaria
que la propia presencia de mi yo. Mi “yo” mío,
solo mío, a quién no debo justificación ni gratitud.
Todo lo que de él recibo me es dado por derecho,
y a nadie le he de dar cuenta o explicación.
      Siento que el carecer de amigos me hace libre
por no tener obligaciones ni recibir favores
los cuales antes o después se han de agradecer.
      Y en esta espiral de sentimientos ausente baso mi vida
por otra parte empobrecida, pues... no compartir
¡qué cosa tan triste es!
      Hubo un tiempo, no muy lejano, en que de amigos
me hallaba rodeada y era rica de afectos, de amor,
que no hay amor más fiel que el que la amistad brinda;
de ello guardo un sutil recuerdo, lejano, extraño,
y no sé en qué momento, de amigos, claudiqué.
      No sé cual sería el desengaño acontecido
que me cambió el rumbo emprendido de ser fiel
a numerosos amigos, queridos, cercanos,
 que de ellos no volví a saber. ¿Por qué?
      Razón no hallo cuando en ello pienso,
no a menudo, prefiero no reconocer.
      Ignorarlo es cobardía y me hago mil reproches,
no puede ser que ingratamente viva, solo conmigo,
cuando antes tenía gente por doquier.
      Tiempo hace que en mi soledad prosigo
y no soy feliz, os digo, aunque me ofrezca diferente,
pretendiendo en mi engaño haceros creer.
      No es cierto que solo mi yo persiga para mi felicidad,
es solo disimulo, aparentar que soy feliz ante vosotros        
en una mentira absurda que ni a mí puede convencer.
      Os necesito pero no sé llamaros, clamar por vosotros;
se me ha olvidado suplicar porque he olvidado amar.
      ¿Cómo llegaré a vosotros desde mi voluntaria      
distancia y que acercarme ahora no sé?
      Necesito hablaros y que me habléis.
      Buscadme. Encontradme. Me estoy ahogando
en el forzado silencio que yo misma provoqué.
      Qué engañoso afán me poseyó al alejaros de mí;
que sería autosuficiente amándome a mí misma,
tamaño error no sé ahora cómo deshacer.
      Si me escucháis, si podéis apercibiros de mí,
os lo ruego, venid, sed mis salvadores,
con paciencia y humildad esperaré vuestra atención.
Olvidad que me cegó el orgullo al abandonaros
esperando que al no teneros cerca nada os debería,
nada me perturbaría, solo para mí viviría
sin ataduras, sin rémoras molestas tras de mí.
      Solo silencio en mi derredor encuentro.
      ¿Dónde estáis? ¿Dónde habéis partido?
      El mundo se ha derrumbado, eso ha sido,
y solo yo lo he causado por mi desamor.
      No me di cuenta de lo grave que sería olvidar
el gran valor de la amistad y, sola, sola estoy
en un planeta solitario, perdida, hundida, muerta.
    ¿Es que estoy muerta?
     Así debe ser, pues querer estar solo es morir.
     No se puede vivir sin amigos.
        Ahora he aprendido la lección; ya tarde.  
                                                                 



0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;