Que no me Roben la Noche
Qué no me roben la noche
que no necesito el alba.
Que no me roben la noche
que estoy apesadumbrada.
La soledad se alió a mis hijos.
La soledad se prendió en sus almas.
¿Cómo viviré con este pesar
si ya me penaba el ánima
por mi propia soledad
que incrustada en mí se hallaba?
La presencia del sol mi presencia
clama;
que no calienta mis carnes
ni atraviesa mis persianas.
Encerrada en la casa estoy,
No me robéis la noche. ¡No!
No hasta que la falta de sol
me vaya marchitando el alma.
No hay soledad más sola
que la que a otros contagias.
Guarnecida estoy en la noche
interminable
hasta que ya no exhale suspiro
alguno;
entonces sacadme al alba.
Solo entonces dejadle al sol
entibiar mis ojos por si vieran
la compañía que al otro lado me aguarda.
Que no sea la soledad.
¡Por Dios! ¡ No!
Que haya quedado encerrada en casa.
*****

1 comentarios:
Como contrarrestar la pereza que adherida a mí se halla.
El móvil, enemigo fragante de mi fantasía, de mi inspiración pues, deseo escribir en el teclado lo que surja de mi cacumen y, la comodidad del sillón, tan atrayente, me envuelve conchabado con el móvil que, pequeño, a mí se arrima como buscando consuelo y, lo que en realidad hace es someterme a su llamada la cual me atrae como canto de sirena si cerca de la mar me hallara mas, no. No es así. Me envuelve engañosamente y después de un gran rato siguiente ya me ha hecho su presa una vez más pues, ya no me quedan ganas de publicar en mis blogs y, así, se van marchando las horas. Un día sigue a otro día marchitando mi intelecto, que fuera firme, recto, cumplidor y es ahora, nada, bueno casi, porque ahora lo estoy utilizando. Qué necedad en mí hallo en este instante. Quiero escribir porque me gusta, simplemente, y hacerlo puedo y por este instrumento pequeño, insignificante en apariencia me está doblegando el ánimo, ya solo apelo a mi sillón, el me reconforta pero...con mi móvil me consuelo. Me ha conquistado la plaza por él, solo por él tomada.
No hay enemigo pequeño, es bien cierto.
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