Mucha Paz
Me estoy
moviendo suavemente, me lo siento y no me entiendo. Hay un mensaje que puja por
salir de mi. Me llama insistentemente y no lo comprendo, no sé lo que de mí
pretende, pero sin embargo siento su grito de socorro, a veces grave con su voz
ahogada, como si temiera dejarse oír por temor a algún peligro que, en cambio, le
obliga a pedir socorro y, por eso, en otros momentos siento su desgarradora voz que me traspasa el ánimo
pues no sé a qué mal referirse quiere para yo poder acudir en su pobre auxilio.
Hace ya días que me incomoda el descanso
tal vez sin pretenderlo y me interrogo sin hallar respuesta en mí.
¡Quién
pudiera aconsejarme cual sería mi contestación para tranquilizarme y continuar con
mi plácida vida de diario, sin problemas, sin asuntos inquietantes! Ya solo
deseo una vida descansada de mujer con su tarea ampliamente terminada, sin
obligación ninguna, sin deberes, sin pesares ¡tantos tuve! que mi único deseo
es de todos ellos olvidarme y nacer de nuevo en mi, ya no pura, pero sí gozando
en paz todo lo que la vida aún me ofrece: sentir latidos en mis sienes,
vislumbrar la luz del sol cada mañana, saborear el alimento por mí misma
preparado, gozar el roce de la almohada cuando a la noche recuesto mi cuerpo en
la cama abandonada... esos gozos tan sencillos a mis años merecidos o, tal vez
no, no lo sé, pero que los tengo a mi alcance y los ansío; son los dones que
aún recibo, corrientes, pero son los goces míos. Míos. Únicos pues no es otro
quién los vive, sino yo. Yo conmigo.
Con
ellos me conformo; nada extraordinario pido, pues entonces... ¿por qué no hallo
paz en mí? ¿Acaso tan mal he vivido mi vida que no merezco un tiempo de
sosiego? ¿Debo conformarme pues? Pues no quiero, y por eso desespero aún
sabiendo que no debo tomar en mí esa actitud. No quiero conformarme con una
vida que a mi ánimo inquiete. Quiero libertad para alcanzar mi meta con una
llegada en tranquilidad. Que nadie haya para darme aplauso alguno, ni trofeo,
ni reconocimiento, solo saber que hecho el esfuerzo y terminado, me sienta en
paz conmigo misma sin tener la constante incertidumbre de no saber el porqué de
mi inquietud.
Quiero
sosiego, solo ese sosiego necesito para esperar calmada, de mi final la entrada
en ese lugar anunciado, que no sé cómo será y que tampoco me importa. Me basta
con que en él se absorba paz. Mucha paz.
18 Dic.
2013
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