viernes, 26 de julio de 2013

Amor Divino, Amor Humano



   Su Primer Amor

¿Dónde estás amor que te busco inútilmente?
¿Dónde te escondes, acaso no quieres que te encuentre?
Y... ¿Cuál es la razón si amor nos prometimos?
¿Qué hizo que de mí te alejes?
Un amor más fuerte, dijiste.
¿Quién puede amarte más que yo?
¿Quién posee un amor tan inefable?
¿Dónde lo has descubierto?
Dímelo, que yo también hallarlo quiero
porque no quiero perderte y siento que te pierdo.
En qué momento te dejé detrás de mí
sin apercibirme de que ya no me seguías.
Cuando me volví y a mi lado no te vi 
me angustié y te busqué desesperadamente,
y, del mismo modo en tu búsqueda prosigo
agotada de cansancio y de desánimo.

Te han visto junto a la cruz de la colina
de hinojos en el suelo con los brazos extendidos.
He subido tan rápido como he podido, tanto,
que al verte se ahogaban las palabras en mi pecho.
Junto a ti me he arrodillado
esperando un gesto que hacia mí mostrara agrado.
Creo que ni siquiera advertiste mi presencia;
tu razón y atención estaban  en otro lado
y, elevé la mirada donde la tuya reposaba
y sentí que esa imagen desgastada
me pedía firmemente que te olvidara.
Comprendí el amor que en tu corazón latía
y supe que competir con él yo no podría.
Cabizbaja y queda bajé de la colina
y conforme atrás dejaba la ladera
dentro de mí algo se estaba transformando.
No me entendía, me desconocía, no era yo,
y en mi confusión al fin, discerní lo que ocurría.
Al igual que en ti en mí algo actuaba;
me sentí distinta y renovada
y al mismo tiempo... tan desconcertada...
En mis horas de silencio pienso en ello;
a mi pesar pervive en mí ese recuerdo;
los momentos en que nos amamos
prometiéndonos amor que parecía eterno,
pero eterno solo es el amor de Dios,
ese Dios que me apartó de ti
llamándome también a mí a su regazo
sin poder sin embargo, borrar de mí tu recuerdo.
Y en este desasosiego vivo y pasa el tiempo
que me acerca al momento de los votos
y después de esa promesa, pensar en ti será pecado.
No sé si alguna vez piensas en mí,
ni si podré cumplir olvidarte del todo.
¡Ay de mí! Amo a Dios y a ti te amo.

La ceremonia en el convento ha terminado.
Los sacerdotes y familiares ya se alejan.
Distanciado de todos sigue su camino un ermitaño.
Antes de desaparecer en la lejanía
vuelve la cabeza hacia el convento, ya difuso.
Cae al suelo regándolo de lágrimas, confuso.
En su recuerdo, su primer amor, profundo.

*****

  

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