Esos caminos perdidos por no saber encontrarlos,
por ignorar que hay que saber buscarlos.
Y se pierde la vida sin saber que se pierde,
mas, se gana la vida poco a poco, detrás de los focos,
pausadamente, como en una obra representada
en la que lo real sea lo imaginado en la mente de un autor,
desconocedor de que su obra es la realidad
de alguien, ignorante que ha vivido ajeno
a lo que de verdad, había de vivir.
De haberlo hecho, su vida anterior
le hubiera cambiado la presente;
esa en la que se halla sin apercibirse
porque la vive sin ser la suya.
No es la nuestra, la de nadie.
Ninguno vivimos nuestra vida,
solo la prestada. La real, no la vivimos,
ni la viviremos, ni la soñaremos siquiera.
Solo la echaremos de menos.
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