Esos caminos perdidos por no saber encontrarlos, por ignorar que hay que saber buscarlos. Y se pierde la vida sin saber que se pierde, mas, se gana la vida poco a poco, detrás de los focos, pausadamente, como en una obra representada en la que lo real sea lo imaginado en la mente de un autor, desconocedor de que su obra es la realidad de alguien, ignorante que ha vivido ajeno a lo que de verdad, había de vivir. De haberlo hecho, su vida anterior le hubiera cambiado la presente; esa en la que se halla sin apercibirse porque la vive sin ser la suya. No es la nuestra, la de nadie. Ninguno vivimos nuestra vida, solo la prestada. La real, no la vivimos, ni la viviremos, ni la soñaremos siquiera. Solo la echaremos de menos.
Amor, que de mí te evades si rota, sin ti me sabes. Mis sentimientos de mí escapan por la quebradura de mi espíritu. Te necesito con imperioso afán y mis pasos transitan el camino contrario a mis deseos, indiferentes por el dolor que me causan, se solazan y los adivino alegres ante mi desconcertante desvarío. Una vez cerca te tuve, más no lo suficiente. Te escabulliste de mi abrazo antes de yo poder contigo fusionarme. Mi fortaleza entonces tornóse frágil y mi fragilidad me rompió en pedazos que lejos de mí se esparcen. "Amor" Sin ti no puedo hallarlos y los necesito, bien lo sabes, para recomponerme, pues perdida estoy de mí. Sin amor, ¿qué queda de una persona? Vacío, dolor... y mucha hambre. Hambre que no sé cómo se sacia pues no he amado ni amada he sido, y te persigo y espero y desespero; no quisiera partir sin conocerte con tus dos caras, la que goza y la que duele. Quiero, ansío morir por ti que es vivir y vivir contigo que es morir. Si no experimento el amor real me iré de esa vida sin haber vivido. ¡Ay amor! ¿Por qué de mi te evades si rota, yerta, sin ti me sabes.
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MUDANZA
Amanece. Abro los ojos, cansada, cual si en vez de descanso hubiera afrontado una batalla en la noche. Los pies al suelo y en el suelo mi mirada abatida una vez más, sin de la paz el remanso que balance el desencuentro que en mí se halla haciéndome partícipe de su reproche. Me levanto al fin; la sábana abandonada a merced de los vaivenes del viento, manso, que atraviesa suavemente de la ventana, su malla protectora de improperios, de gente que trasnoche. Más que andar me deslizo hacia la calle, perturbada, por el temor a la fiera que no amanso, cualquier intento a realizar, siempre me falla sintiéndome depauperada cual fantoche. A un lado y a otro atenta, la calle vigilada; de mi propia defensa y precaución, me canso, sin esperanza de vencer a tal canalla, soy la diana y él el dardo que mi vida tronche. Se llevarán las manos al rostro horrorizados ante mi cadáver sobre mi sangre derramada, sintiéndose ora culpables, ora piadosos por el espanto ante de mi vida tal derroche. Y partiré de este mundo sola, a la luz del sol o en la nocturnidad cómplice que da la noche, y me elevaré cual volutas de humo que se pierden donde los ojos no vislumbran, ni los sentidos sienten. Lo que será de mí, lo ignoro, mas, a quien pueda implorar, imploro; no haya un hombre para mí cuyo amor se torne odio.
2 comentarios:
PRÉSTAMOS
Esos caminos perdidos por no saber encontrarlos,
por ignorar que hay que saber buscarlos.
Y se pierde la vida sin saber que se pierde,
mas, se gana la vida poco a poco, detrás de los focos,
pausadamente, como en una obra representada
en la que lo real sea lo imaginado en la mente de un autor,
desconocedor de que su obra es la realidad
de alguien, ignorante que ha vivido ajeno
a lo que de verdad, había de vivir.
De haberlo hecho, su vida anterior
le hubiera cambiado la presente;
esa en la que se halla sin apercibirse
porque la vive sin ser la suya.
No es la nuestra, la de nadie.
Ninguno vivimos nuestra vida,
solo la prestada. La real, no la vivimos,
ni la viviremos, ni la soñaremos siquiera.
Solo la echaremos de menos.
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ROTA
Amor, que de mí te evades
si rota, sin ti me sabes.
Mis sentimientos de mí escapan
por la quebradura de mi espíritu.
Te necesito con imperioso afán
y mis pasos transitan el camino
contrario a mis deseos, indiferentes
por el dolor que me causan,
se solazan y los adivino alegres
ante mi desconcertante desvarío.
Una vez cerca te tuve,
más no lo suficiente.
Te escabulliste de mi abrazo
antes de yo poder contigo fusionarme.
Mi fortaleza entonces tornóse frágil
y mi fragilidad me rompió en pedazos
que lejos de mí se esparcen.
"Amor" Sin ti no puedo hallarlos
y los necesito, bien lo sabes,
para recomponerme, pues perdida estoy de mí.
Sin amor, ¿qué queda de una persona?
Vacío, dolor... y mucha hambre.
Hambre que no sé cómo se sacia
pues no he amado ni amada he sido,
y te persigo y espero y desespero;
no quisiera partir sin conocerte
con tus dos caras, la que goza y la que duele.
Quiero, ansío morir por ti que es vivir
y vivir contigo que es morir.
Si no experimento el amor real
me iré de esa vida sin haber vivido.
¡Ay amor! ¿Por qué de mi te evades
si rota, yerta, sin ti me sabes.
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MUDANZA
Amanece. Abro los ojos, cansada,
cual si en vez de descanso
hubiera afrontado una batalla en la noche.
Los pies al suelo y en el suelo mi mirada
abatida una vez más, sin de la paz el remanso
que balance el desencuentro que en mí se halla
haciéndome partícipe de su reproche.
Me levanto al fin; la sábana abandonada
a merced de los vaivenes del viento, manso,
que atraviesa suavemente de la ventana, su malla
protectora de improperios, de gente que trasnoche.
Más que andar me deslizo hacia la calle, perturbada,
por el temor a la fiera que no amanso,
cualquier intento a realizar, siempre me falla
sintiéndome depauperada cual fantoche.
A un lado y a otro atenta, la calle vigilada;
de mi propia defensa y precaución, me canso,
sin esperanza de vencer a tal canalla,
soy la diana y él el dardo que mi vida tronche.
Se llevarán las manos al rostro horrorizados
ante mi cadáver sobre mi sangre derramada,
sintiéndose ora culpables, ora piadosos
por el espanto ante de mi vida tal derroche.
Y partiré de este mundo sola, a la luz del sol
o en la nocturnidad cómplice que da la noche,
y me elevaré cual volutas de humo que se pierden
donde los ojos no vislumbran, ni los sentidos sienten.
Lo que será de mí, lo ignoro,
mas, a quien pueda implorar, imploro;
no haya un hombre para mí cuyo amor se torne odio.
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