Mirando al mar...
Cuántas veces se ha reutilizado esta expresión como inspiración, tanto a poetas como a prosistas o letristas de canciones y, es que es cierto, frente a mí lo tengo con sus aguas cambiantes a cada instante.
Al amanecer suelen estar calmadas, azules intenso o turquesa; como una inmensa piscina lo contemplo desde la terraza de mi hogar, no definitivo, pero acogedor de cansancio y pesares y, a la vez, cargado de esperanza y más, felicidad.
Hace mucho tiempo que visité este mar, demasiado. Entonces en una habitación alquilada, así se hacía turismo, humilde y aún así, permitido a una minoría. Más tarde en un pisito sin pretensiones que adquirieron mis padres en esta ciudad a la que tanto mi madre amaba, como amaba casi todas las cosas de la vida; a ella se daba y ésta la compensaba con su complacencia ante las ofrendas magníficas de la Naturaleza. Sabía apreciar una flor, un trigal, un sendero, las rocas, los peces, las aves, la llegada de pescadores al puerto, la lonja...un sin fin de cosas y, al escucharla alabar tales, se fueron impregnando en mi cacumen y corazón para residir ya por siempre en mí.
Han pasado demasiados años, aunque siempre pocos, la vida es breve en realidad pues, cuando la ancianidad te alcanza en buena hora, recapacitas y piensas que se ha volatizado en el tiempo aprisa, muy aprisa, y todos los momentos vividos buenos, malos o regulares, no fueron en cambio ni tan graves, ni tan hermosos, ni tan intensos ni tan importantes como los vimos entonces porque ahora es momento de recuperar recuerdos, sí, pero más de vivir este día, hoy, el día más relevante de todos pues no se nos alcanza cuando será el "ya no hay más"
Cuando empiezo a escribir no sé qué derrotero tomará mi pensamiento al hacerlo y, después, yo misma me sorprendo al releerlo. Es cierto que no escribo nada original aunque esto no es cierto del todo pues todas las vivencias son originales, cada cual las suyas, las preciosas, las propias, las únicas. No importa que sean vulgares o semejantes a tantas vidas porque somos humanidad y en verdad nuestras prioridades son similares, tan solo cambian las costumbres de cada pueblo o lugar de este extenso y magnífico mundo.
Hoy prima mucho valorar lo que se posee o su carencia, de bienes materiales y lo cierto es que por muchos que poseamos, pensando profundamente, me doy cuenta de mi pobreza espiritual ante tantos seres humanos como yo que carecen de lo más básico. La ayuda hacia ellos es insuficiente pues siempre es posible algo más, cierto que expreso mi pensamiento, a mí misma critico, no a otros, quién soy yo para juzgar.
Esta noche iré a la cama en busca de descanso como cada noche y mañana espero un nuevo amanecer, un mismo mar diferente a cada instante; lo contemplaré y me enfrentaré a mi vida de diario si así sucede pues no es un acto de voluntad que yo viva o no, es un regalo indescriptible el don de la vida. Lo espero de nuevo y seguiré pensando lo afortunada que soy al poder transcribir mi pensamiento al papel virtual.
Carmen me despido de momento. Hasta mañana.
El nuevo día lo abordo un poco tarde, he dormido en demasía. Hoy con más calor que ayer, se nota y se adivina aunque a veces el tiempo atmosférico nos sorprende con un cambio radical.
Volviendo al inicio de mi escrito reedito que los recuerdos sí son muy importantes: el nacimiento de mis hijos, único, ideal; su aprendizaje de la vida, madurez...tantas vivencias, ¡tantas! y, ahora, los hijos de mis hijos adolescentes y algo más, que me recuerdan constantemente que mi vida es ya larga y ha sido fructífera a Dios gracias. Están sanos de cuerpo y espíritu por ahora y pienso que así seguirán, otra cosa es cómo será su futuro en este mundo moderno tan cambiante, casi como las olas del mar. Le echo una mirada, hoy se muestra algo plomizo, bello igual y, en su interior tanta vida oculta, tanta; aún queda mucho por saber de sus frondosidades, sus asombrosas maravillas de vida y paisajes profundos sin explorar.
Me ha acompañado en estos días mi hijo que me trajo en coche preocupado por mí, -no entienden mis hijos que mi preocupación son ellos, que deseo valerme sola cuánto más- y, también mi hermano, ya único, con una de sus hijas. Horas preciosas hemos compartido. Ahora estoy sola de momento que en pocos días llegarán a este hogar que lo es de todos, una hija y cuatro nietos, dos de ella y dos de su hermana, mellizos dos a dos en parejas de chico y chica, hermosos ellos, cómo no, siendo hijos de mis hijos.
Así, en pocas letras acabo el relato breve de mi vida, una de tantas, única como todas.
Veo a los sin techo al pasear y pienso en sus experiencias sin duda interesantes, seguro apasionantes. ¿Qué les llevó a ese bajo estatus? ¿Qué o quién amargó sus días? Y marcho pensando que quizás su vida ha sido más fecunda que la mía y, seguro, más ilustrativa.
Aquí concluyo mi exiguo relato hasta otro rato.
Carmen la de Alcalá Alicante 9 julio 2020
El nuevo día lo abordo un poco tarde, he dormido en demasía. Hoy con más calor que ayer, se nota y se adivina aunque a veces el tiempo atmosférico nos sorprende con un cambio radical.
Volviendo al inicio de mi escrito reedito que los recuerdos sí son muy importantes: el nacimiento de mis hijos, único, ideal; su aprendizaje de la vida, madurez...tantas vivencias, ¡tantas! y, ahora, los hijos de mis hijos adolescentes y algo más, que me recuerdan constantemente que mi vida es ya larga y ha sido fructífera a Dios gracias. Están sanos de cuerpo y espíritu por ahora y pienso que así seguirán, otra cosa es cómo será su futuro en este mundo moderno tan cambiante, casi como las olas del mar. Le echo una mirada, hoy se muestra algo plomizo, bello igual y, en su interior tanta vida oculta, tanta; aún queda mucho por saber de sus frondosidades, sus asombrosas maravillas de vida y paisajes profundos sin explorar.
Me ha acompañado en estos días mi hijo que me trajo en coche preocupado por mí, -no entienden mis hijos que mi preocupación son ellos, que deseo valerme sola cuánto más- y, también mi hermano, ya único, con una de sus hijas. Horas preciosas hemos compartido. Ahora estoy sola de momento que en pocos días llegarán a este hogar que lo es de todos, una hija y cuatro nietos, dos de ella y dos de su hermana, mellizos dos a dos en parejas de chico y chica, hermosos ellos, cómo no, siendo hijos de mis hijos.
Así, en pocas letras acabo el relato breve de mi vida, una de tantas, única como todas.
Veo a los sin techo al pasear y pienso en sus experiencias sin duda interesantes, seguro apasionantes. ¿Qué les llevó a ese bajo estatus? ¿Qué o quién amargó sus días? Y marcho pensando que quizás su vida ha sido más fecunda que la mía y, seguro, más ilustrativa.
Aquí concluyo mi exiguo relato hasta otro rato.
Carmen la de Alcalá Alicante 9 julio 2020

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