De Silencio y
Encrucijadas
En lo hondo de mi
silencio
quiero hallar la paz
que oculta permanece, sospecho,
pues nunca he descendido tanto
al abismo de mi interior.
No sé cuánta
profundidad tiene
ni los pensamientos que contiene
tan en secreto se guardan
escondidos de mi disposición.
El porqué de esto lo
ignoro
pues, siendo míos, no los atesoro
aunque de ellos sienta la ausencia.
Son míos, mas libres
se mantienen
lejos de mi licencia, independientes.
Entonces ¿para qué me han sido dados?
¿Es una torpe y burda chanza
del desconocido destino
que, impasible en nosotros se regocija
sumiéndose en cruel risa
mientras nos inclina a padecer?
Me niego a admitir
tal hecho
si bien es verdad que el silencio
en nosotros nunca es total,
pero quiero, lo más calmado posible
sentirlo en mí, lo necesito
pues... he de saber lo que en su quietud
se oculta, sin duda complicado
pues, lo simple nadie lo esconde;
se muestra por doquier.
Y así, en esta
esperanza vivo
de llegar a conocer esos caminos
tortuosos que aún he de recorrer.
Esas encrucijadas,
prefijadas,
que sin vivirlas, no me permitirán partir.
Quiero, necesito con
urgencia
saber cuales son las veredas
que dejé sin transitar pues,
la amenaza del tiempo siento,
exigente, aunque con tiento
ya que siendo generoso, espero,
no me ha de abandonar
en los momentos postreros.
Para entonces he de
saber
mis sendas intransitadas
para excusarme por ellas, eso sí,
la última he de experimentarla, seguro,
pues me va en ello mi futuro,
ese al que aspiro, en caminando, llegar.

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