Salvación
Me destruía y tomé conciencia al fin.
Era su vida o
la mía y en un arrebato impensable,
tomé lo más preciado que me pertenecía
y, sigilosamente, abandoné la habitación.
Sentí a mi
alocado corazón más temeroso que yo,
a mis piernas
endebles, bajo mi peso y mi pesar.
Descorrí el cerrojo ignorando su quejido
y me abalancé al
corredor de temor presa.
Escuché un
momento impreciso, aterrador,
toda yo al suelo adherida, inmóvil,
vacilante,
y por fin, cerré la puerta y me fui para
siempre.
Nunca más.
Nunca más.
Mientras me alejaba repetía.
Mientras me alejaba repetía.
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