Aclaración : Acabo de darme cuena de que este escrito está incompleto.
Lo buscaré y aclararé el equívoco. Pido disculpas. C.
No Hay Vidas Vulgares, sino Historias no Contadas (Pensamiento mío)
María camina
por la ruta diaria hacia su trabajo, aún adormecida pues no ha pasado buena
noche; su madre una vez más aquejada por su mal que le impulsa
inconscientemente a hacer de la luna sol, y ha revoloteado por la casa cual si
tuviera un sinfín de tareas que realizar, cuando lo cierto es que hacer, nada
hace, excepto ahuyentar el sueño de su hija.
Va deprisa
ante el temor de llegar tarde al laboratorio, sin embargo algo le hace aminorar
el paso. Ha creído ver en ese pobre vagabundo una cara conocida. Se para.
Retrocede y lo mira con más atención mientras rebusca en sus recuerdos. Su
nombre ¿cómo era? Alonso, Álvaro, algo así, sí. ¡Aniano! Ese compañero en las
clases de la universidad. Tan estudioso y responsable; tan amigo de hacer
favores y ayudar en todo momento. A ella misma le había sacado de apuros en
alguna ocasión brindándole sus apuntes. ¿Cómo estaba ahí tirado escasamente
resguardado entre cartones junto a ese banco que le prestaba escaso abrigo en
esa mañana aún fría del mes de abril?
María duda; se
detiene junto a él o continúa su camino. Opta por lo segundo mas, pronto
regresa y se le acerca. Ya tendrá una explicación para su falta de puntualidad.
Lo mira fija y
expresivamente antes de sacudir levemente su brazo. El hombre abre los ojos
sobresaltado, temiendo algún asalto de
alguien que lo llene de improperios o le cause otro daño peor. Se asombra
mirando a esa mujer que está a su lado sin decirle nada, solo lo mira y lo hace
sin desprecio, al contrario, en ella se advierte cierta simpatía. Pronto su
sobresalto se va transformando en sorpresa ¿qué busca esa persona en él?
Conversan por un tiempo indeterminado. Acabó la carrera, sí. Trabajó en
Holanda donde estuvo bien considerado. Ganaba bien su sustento y regresaba a
España con frecuencia para encontrarse con los suyos.
En uno
de estos viajes conoció a la mujer que creyó que lo colmaría de dicha por
siempre y así transcurrieron unos meses en los cuales se fue entregando a ella
sin apercibirse de que cada día iba siendo menos de él y más de ella quien lo
iba despojando de su buen criterio y personalidad. Cuando ya era su presa lo
envolvió en una negocio negro, prohibido, peligroso, del que no era capaz de
escapar porque ni siquiera se había dado cuenta de lo inmerso que ya estaba en
ese mundo de tráfico ilegal con personas desalmadas y fuera de la ley. Ya era
su esclavo. Lo supo aquél día que quiso viajar a su ciudad para visitar a los
suyos y se lo impidieron. Entonces se supo atrapado como en red de araña. Sus
viajes a partir de entonces serían a Suráfrica haciendo de correo y de escudo
humano, pues sabía que su vida tenía nulo valor para ellos excepto para
delinquir. Supo lo que era vivir sin reglas legales y sentirse al borde de la
muerte en cada viaje si no cumplía. Él no quería esa vida. No la quería y tenía
que ir contra corriente. Sus principios destrozados por una mujer con la que ni
siquiera se veía. Era tan humillante... Si su familia lo supiera, sus amigos,
los que habían creído en él como una persona en la que fijarse podrían. ¿Dónde
estaba Aniano aquél muchacho, aquél doctor en física y química de renombre
internacional?
Supo de
amenazas, palizas, embustes y por fin, pobreza. Ya nadie le dio trabajo después
de ocho años de cárcel. No quiso pedir ayuda a sus padres tan indigno se
sentía. Ni siquiera se llegó a verlos olvidando que su madre sufriría por su
callada y desconcertante ausencia y las calles de su ciudad, sin culpa, fueron
su ingrato refugio durante varios años. Desmañado, flaco, mal vestido, mal
comido, supo lo que era ser mendigo y a las muchas incomodidades de su
desafortunada situación hubo de añadirle de nuevo el miedo, esta vez no a los
mafiosos del tráfico de diamantes, a otros tan malos como ellos que disfrutaban
con causarles daño solo por no soportar el ver su miseria andando en las calles
de las que se sienten dueños, los destierran de

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