Tiempo (el que pasa)
Tiempo indemne ¿por
qué me acusas?
Siendo tú tan
traicionero, insincero,
parcial, malvado, incumplidor...
Me prometiste
juventud eterna,
belleza exuberante, mirada fulgurante,
atractivo sin igual.
Cual hermosa diosa,
dichosa,
en una vida constante, vibrante,
de parangón incontestable.
Jamás en mi se hallaría rival
en ninguna faceta vivida,
en cualquier experiencia corrida,
en todo el frenesí vital.
Y así, en ese convencimiento
he crecido, he vivido, he soñado
en todo el tiempo transcurrido,
segura de mis cualidades,
duraderas, más; inmortales.
Siempre ellas me
acompañarían
a lo largo de mi vida,
fieles, indestructibles, sin final.
He dilapidado sin tiento
pues de todo a manos llenas tenía;
eso es lo que creía,
así me lo hiciste saber.
¡Embustero! Yo te
acuso.
De ti me defiendo
tenaz.
Te has burlado
cruelmente.
Tal vileza que de ti emana,
¿acaso podía yo suponer?
Tan confiada en ti
estaba,
tan descuidada en mi proceder.
De nadie he sido
cuidadora,
a nadie nunca apoyé,
ni una mirada consoladora,
ni una palabra defensora
denunciando el mal hacer.
Ahora, desde el
espejo,
calculador, villano,
acusador,
cuentas de mi vida pides,
y yo ¿qué he de hacer?
Me veo gastada,
arrugada, vieja.
No he recogido
fruto,
ni para mal ni para bien.
¡Mírame! Estoy
vacía. Ya me ves.
Pero no halles
culpa en mí.
Tú, tiempo, me has
engañado;
soy solo una frágil mujer.
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