domingo, 27 de julio de 2014

El Tiempo que Pasa


        
Tiempo  (el que pasa) 
        

  Tiempo indemne ¿por qué me acusas? 
  Siendo tú tan traicionero, insincero,
parcial, malvado, incumplidor...
  Me prometiste juventud eterna,
belleza exuberante, mirada fulgurante,
atractivo sin igual.
  Cual hermosa diosa, dichosa,
en una vida constante, vibrante,
de parangón incontestable.
  Jamás en mi se hallaría rival
en ninguna faceta vivida,
en cualquier experiencia corrida,
en todo el frenesí vital.
  Y así, en ese convencimiento
he crecido, he vivido, he soñado
en todo el tiempo transcurrido,
segura de mis cualidades,
duraderas, más; inmortales.
  Siempre ellas me acompañarían
a lo largo de mi vida,

fieles, indestructibles, sin final.
  He dilapidado sin tiento
pues de todo a manos llenas tenía;
eso es lo que creía,
así me lo hiciste saber.
  ¡Embustero! Yo te acuso.
  De ti me defiendo tenaz.
  Te has burlado cruelmente.
Tal vileza que de ti emana,
¿acaso podía yo suponer?
  Tan confiada en ti estaba,
tan descuidada en mi proceder.
  De nadie he sido cuidadora,
a nadie nunca apoyé,
ni una mirada consoladora,
ni una palabra defensora
denunciando el mal hacer.
  Ahora, desde el espejo,
calculador, villano,  acusador,
cuentas de mi vida pides,
y yo ¿qué he de hacer?
  Me veo gastada, arrugada, vieja.
  No he recogido fruto,
ni para mal ni para bien.
  ¡Mírame! Estoy vacía. Ya me ves.
  Pero no halles culpa en mí.
  Tú, tiempo, me has engañado;
soy solo una frágil mujer. 

*****

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