Aspiraciones
Quiero sentir el amor cuando ya he de
despedirlo.
Despedirme de esa dulce ilusión que mi vida colme
y
no sé por qué a eso me veo abocada, destinada,
cuando
yo solo pretendo no dejar de querer.
Quiero querer sin medida, y no sé a
quién.
Necesito seguir amando, con pasión,
y
esta necesidad vital se me niega cruelmente
sin
tener en ello culpa, sabiéndome inocente.
Querer quiero cada día de mi vida,
conscientemente,
pues sabiendo cuán importante es, a ello no me resigno,
a
saberme en el abismo donde mora el desamor.
Y toda, toda mi responsabilidad radica
en
el paso de los años que me han hecho envejecer;
esa
es mi culpa, y de ella me desgajo
pues
no me siento culpable de este acontecer.
Si yo deseo vivir continuadamente con
amor
por
qué he de renunciar pues, solo por no ser joven,
¿acaso
eso me impide seguir siendo mujer?
Yo me siento femenina, al amor mucho
ofrecer
en
mi se esconde, aunque lo doy a entender.
Si oculto permanece no es por mi
voluntad
que
yo lo quiero visible a quién lo quiera comprobar,
mas,
los ojos se han quedado ciegos, hastiados de mirar
y
cuando lo hacen sus miradas clavan en personas nuevas
no
yo gastadas por la edad. La edad, fatal palabra
si
no se sabe interpretar en toda su dimensión
pues,
comprende los días de la vida del principio al fin
y,
según en la etapa que se halle vale menos o vale más.
Pero es un concepto erróneo el que se le
quiera dar
cualesquiera
que este sea, no se sabe interpretar.
Ser joven no es meritorio ni culpable la
ancianidad;
cierto
que en el término medio suele hallarse la virtud
pero
esta teoría no se adapta en hablando de la edad,
porque
todos los momentos de la vida se valoran por igual
y, es así, como a ésta se le ha de conceptuar.
Nacemos con el proyecto de hacernos
viejos,
quién
no lo alcanza... ¡ay qué gran pesar!
pero
los que si lo logramos por sernos predestinados
¿nos
lo han de fastidiar? Es injusto, irracional,
puesto
que envejecer es un hecho natural.
Y en envejeciendo, el amor se nos ha de
controlar.
Pues no, no me resigno a ese ingrato
trato;
yo
quiero seguir amando, con fuerza, con veracidad
y
saber que alguien me ama, me valora con integridad
por
mi misma, aunque no le ofrezca juventud,
eso
no puedo, pero... sigo siendo “yo” la misma
que
floreció un día radiante cual Primavera,
que
su frescura mostrara a todas las miradas
que libremente querer en mi reposaran
y
que culminaron en un desbordante amor,
ese, que hoy echo de menos y que ansío recuperar.
Si me está vedado por el paso del tiempo
me rebelo,
yo
sigo sintiendo el mismo acalorado anhelo de amar
y
de ser amada. ¡Qué frustración en mi se halla!
pues
desearlo no es palparlo, acariciarlo,
y
con la esperanza sin horizonte, truncada, perdida,
¡qué
triste se vive la vida si uno no se sabe conformar!
Yo sí me conformo, no me queda otra, si
aspiraciones
conservo
de lograr momentos de felicidad.
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