martes, 3 de diciembre de 2013

Aspiraciones




Aspiraciones
                                 

      Quiero sentir el amor cuando ya he de despedirlo.
      Despedirme de esa dulce ilusión que mi vida colme
y no sé por qué a eso me veo abocada, destinada,
cuando yo solo pretendo no dejar de querer.
      Quiero querer sin medida, y no sé a quién.
      Necesito seguir amando, con pasión,
y esta necesidad vital se me niega cruelmente
sin tener en ello culpa, sabiéndome inocente.
      Querer quiero cada día de mi vida, conscientemente,
pues sabiendo cuán importante es, a ello no me resigno,
a saberme en el abismo donde mora el desamor.
      Y toda, toda mi responsabilidad radica
en el paso de los años que me han hecho envejecer;
esa es mi culpa, y de ella me desgajo
pues no me siento culpable de este acontecer.
      Si yo deseo vivir continuadamente con amor
por qué he de renunciar pues, solo por no ser joven,
¿acaso eso me impide seguir siendo mujer?
      Yo me siento femenina, al amor mucho ofrecer
en mi se esconde, aunque lo doy a entender.
      Si oculto permanece no es por mi voluntad
que yo lo quiero visible a quién lo quiera comprobar,
mas, los ojos se han quedado ciegos, hastiados de mirar
y cuando lo hacen sus miradas clavan en personas nuevas
no yo gastadas por la edad. La edad, fatal palabra
si no se sabe interpretar en toda su dimensión
pues, comprende los días de la vida del principio al fin
y, según en la etapa que se halle vale menos o vale más.
      Pero es un concepto erróneo el que se le quiera dar
cualesquiera que este sea, no se sabe interpretar.

      Ser joven no es meritorio ni culpable la ancianidad;
cierto que en el término medio suele hallarse la virtud
pero esta teoría no se adapta en hablando de la edad,
porque todos los momentos de la vida se valoran por igual
y, es así, como a ésta se le ha de conceptuar.
      Nacemos con el proyecto de hacernos viejos,
quién no lo alcanza... ¡ay qué gran pesar!
pero los que si lo logramos por sernos predestinados
¿nos lo han de fastidiar? Es injusto, irracional,
puesto que envejecer es un hecho natural.
      Y en envejeciendo, el amor se nos ha de controlar.
       Pues no, no me resigno a ese ingrato trato;
yo quiero seguir amando, con fuerza, con veracidad
y saber que alguien me ama, me valora con integridad
por mi misma, aunque no le ofrezca juventud,
eso no puedo, pero... sigo siendo “yo” la misma
que floreció un día radiante cual Primavera,
que su frescura mostrara a todas las miradas
que libremente querer en mi reposaran
y que culminaron en un desbordante amor,
ese, que hoy echo de menos y que ansío recuperar.
      Si me está vedado por el paso del tiempo me rebelo,
yo sigo sintiendo el mismo acalorado anhelo de amar   
y de ser amada. ¡Qué frustración en mi se halla!
pues desearlo no es palparlo, acariciarlo,
y con la esperanza sin horizonte, truncada, perdida, 
¡qué triste se vive la vida si uno no se sabe conformar!
      Yo sí me conformo, no me queda otra, si aspiraciones
conservo de lograr momentos de felicidad.
                                                                  
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