Tierra y cielo
Paz buscaba el labriego
luego de refrescarse
que estaba caliente la tarde
por el sol, el trabajo y el aire.
Acomodóse bajo el frondoso árbol
que un día sembrara su madre
cuando lo llevaba en el vientre.
Así le le contara su padre
una vez y otra y otra, incansable.
Pareciera que solo esta historia
diérale consuelo a su dolor irreparable.
recio como sus manos, su encendedor,
sus arrugas, su gesto, su figura...
y más que fumar, mordía el cigarro
como si quisiera destrozarlo.
Lo escupía a trozos y en ellos arrojaba su ira;
de ella se despojaba antes de regresar
con los hijos al hogar.
¡Perra vida! También su mujer le dejara...
y en qué estado... la quería tanto...
Creen las gentes de ciudad
que el amor de los campesinos no es tierno;
si nadie mima la tierra como ellos,
¿no habían de hacerlo con una mujer?
La tranca a la puerta echada,
los chiquillos a sus sueños,
y él, otra noche de desvelo.
La tierra. Al otro día la tierra.
En la noche, ésta le parece cielo.
El labriego cierra sus ojos sin sueño.
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